Cosas que pasan...


Como usted muy seguro sabe, o si no sabe se lo cuento, yo soy una adicta de tiempo completo de los helados de Yogen Früz, especialmente, el de sabor a Frambuesa, sí ese que es azul y ya se imaginará como me deja la lengua, y que me fascina acompañarlo con leche condensada y ositos de gomitas. Para mí la felicidad se parece mucho a un vaso mediano de ese helado, así tal cual como lo describí…

Bueno, les cuento eso, porque ayer como sabrán me encontraba muy bajoneada de ánimos y mi mamá, que es mi mejor amiga y la mujer que más amo en este mundo, lo notó y me invitó a subirme el ánimo de la forma más dulce y agradable, y sobre todo que me encanta: comiendo helado. Así que nos encontramos en el Caribe Plaza y listo, a disfrutar de eso tan rico que me fascina.

Cuando llegué al mostrador, hice mi pedido, esta vez pedí un vaso pequeño y de sabor Uva (pequeño por aquello de la dieta y sabor a uva porque no había de frambuesa). La chica, una joven muy atenta, empezó a prepararme mi helado cuando en esos momentos llegaron dos chicas, un policía y uno de los guardias de seguridad del centro comercial.

Escuché cuando la niña de Yogen le dijo a uno de las chicas: “si me dejas trabajar, te colaboro”. Resulta y pasa que aquella muchacha hace unos minutos había ido a comprar un helado y por descuido dejó su celular del otro lado del mostrador. Ella asegura que la empleada de Yogen muy seguramente, tomó el celular y cuando ella regresó, no lo encontró y preguntó, nadie le dio razón.

La pobre chica de Yogen, entre lágrimas, aseguraba que ella no había tomado ningún celular, y si así hubiese sido, ella lo hubiera devuelto porque no es ninguna ladrona. Lo verdaderamente irritante, fue la actitud con que la “afectada” llegó a reclamar lo perdido. Con un ímpetu de importante, “obligó” a la vendedora a que le abriera la puerta de acceso al kiosco heladero, para revisar cada estante, cada congelador, en busca del dichoso celular.

Legalmente, eso está prohibido, para realizar esa acción, era necesaria una orden judicial. Y a todos los que nos encontrábamos presente, nos pareció un abuso de autoridad y una falta de respeto para con la vendedora, que accedió a dejar revisar su puesto de trabajo, para liberarse de toda sospecha y acusación. Fueron momentos tensionantes. La vendedora continuaba atendiendo mientras la “otra” revisaba cada recoveco del kiosco. Con las lágrimas en los ojos, la niña repetía que ella no había tomado ningún celular.

Mientras, la gente alrededor miraba con preocupación e indignación lo que estaba sucediendo. Todos comentaban ¿es acaso una obligación de la vendedora estar pendiente del descuido de sus clientes? ¿Qué reclama esa “niñita de papi y mami” cuando el descuido fue de ella? ¿Será que todos cuando se nos pierde algo por nuestro descuido nos devolvemos a hacerle show a la persona del lugar donde “supuestamente” dejamos lo extraviado? Sinceramente, con tantas personas que transitan por ese centro comercial, y especialmente, por esa zona, es muy difícil que la vendedora pudiera percatarse del celular abandonado, y estando detrás de un mostrador que no le permite visibilizar lo que está al otro lado.

Después de tanto revisar y no encontrar nada, las dos chicas abandonaron el Centro Comercial, junto al policía medio palo, que las acompañó. La susodicha habló de demandar a la vendedora y se marchó haciéndose la importante.

Mi mamá y yo nos lamentamos mucho de esa situación, y tratamos de animar a la pobre niña, que quedó hecha un mar de lágrimas. Esas son las injusticias que causan repudio. Una niña que en su rostro se le nota lo humilde, que está trabajando porque lo necesita, pero no por eso, quiere decir que sea una ladrona, porque si le dan la oportunidad de atender SOLA un kiosco de helados de un importante centro comercial, es porque la empresa encontró en ella una serie de cualidades y valores que debe tener una persona de esas, ante todo, la responsabilidad y honestidad que implica.

Llegar otra persona, que porque tiene un poco más de recursos, cree que puede venir a humillar a otros que considera por debajo suyo, no se justifica. Lo cierto, es que todas las personas alrededor, fueron testigos de la humillación a la que fue sometida la niña, y muchos abogados presentes, le prestaron todo su respaldo en caso tal, la demanda resultara cierta.

En un lugar público, nadie tiene porqué estar cuidándole las pertenencias a nadie. Cada quien es responsable de lo suyo. Así que ustedes ya saben, cuiden muy bien sus pertenencias y no esperen que un tercero lo haga. Si no lo haces tú, es probable que nadie lo haga.

Comentarios

  1. Muy cierto! buen Post!.

    PDTA: Me causa gracia lo de "Cualquier comentario es cariño..."

    Ahí te mando mi cariño

    ResponderEliminar
  2. JurisNet: Gracias por tu "cariño"...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Cualquier comentario es cariño...

Entradas populares de este blog

¡NO a la lluvia de sobres!

¿Competir por ‘amor’? No, gracias…paso.

O somos...o mejor no somos nada