lunes, 26 de julio de 2010

¡Diet Time!



A ver, nunca he sido de esas mujeres súper obsesivas compulsivas con las dietas estrictas y el gimnasio. Aunque no esté muy de acuerdo con eso de los 90-60-90, pues pienso que tampoco es muy agradable a la vista sobrepasarse en exceso de esas medidas y que la báscula del peso todos los días marque una rayita más arriba.

Soy por el contrario de las que se da gusto comiendo todo lo que se le antoje, sin que luego haya remordimientos absurdos, porque por Dios, la comida es algo delicioso y para qué cohibirse de ingerir ciertos alimentos, si luego puedes quemar esas calorías con una buena rutina en el gym.

Pero resulta que por esas cosas de la vida moderna, que mucho trabajo, que el sedentarismo, todo el día pegados en un pc, ir al gimnasio se vuelve algo casi imposible, precisamente porque el tiempo no nos alcanza, terminamos mamados de lo que estamos haciendo o simplemente porque no nos da la gana de ir.

Y bueno, seguimos comiendo igual, y resulta que la comida que más nos encanta es la que más nos afecta nuestro aspecto físico, nos aumenta las calorías, la masa corporal, etc., y es cuando nos empezamos a inflar de a poquitos, y entonces ya cuando nos sentamos se nos empiezan a salir esas “llantitas”, y cuando nos ponemos esa ropa pegadita que antes se veía tan bien, ahora resulta que sobresalen esos gorditos y en realidad, ya no luce tan bien como antes. En las fotos con los amigos salimos cachetonas, los brazos enormes, si antes era talla 10 ahora solo entro en 12, los pantalones no quieren pasar de las piernas, y empieza el suplicio.

Yo soy de las que digo: el que me va a querer, me quiere como sea, sea flaca o gordita, con tetas o sin tetas, con culo o sin culo, alta o enana, cabello negro o cabello rubio, liso o rizado, etc. Sin embargo, hay una cuestión y es el amor propio. Y es un hecho: YO NO ME QUIERO GORDA!!!! Y es que por mi contextura (siempre he sido normalita, ni tan gorda, ni tan flaca) no luzco demasiado delgada, pero tampoco me gusta parecer una bolita de carne. Y es por eso, que cuando empiezo a notar en mí, las características mencionadas anteriormente, me empiezo a preocupar seriamente, porque simplemente no me siento contenta conmigo misma y es feo andar así.

Sí, puede ser que sea cuestión de vanidad femenina, pero me gusta tener todo bien puestecito, que sea agradable a la vista, tanto para mí, como para quienes me rodean. Cuando lanzo la expresión abierta ¡ESTOY GORDA! Inmediatamente, la gente a mi alrededor empiezan a hacer de porristas y lanzarte frases de ánimo como “ay no pero si así estás bien”, “y tú para qué quieres adelgazar más”, “yo no te veo nada de gorda”, “que nada, así te ves divina”, “tú eres bonita como estés”, sinceramente, a mi no me hacen ningún efecto. Aparte de dar las gracias por el intento de halago, lo que hago es mentalizarme que necesito solucionar el asunto a como dé lugar, esto implica reestructurar la dieta diaria y renovar mi contrato de amistad con el gimnasio y el ejercicio diario.

La imagen física no lo es todo, pero aunque no nos guste es fundamental para entablar relaciones sociales cotidianamente. Por mi profesión, siempre me ha tocado mantenerme bien bonita, bien vestida, mejor dicho, agradable a la vista de los demás, porque represento la imagen de las empresas en determinado momento y qué empresa quisiera estar mal representada, pues ninguna.

Sin embargo, para estar bonita, tampoco soy de las que arriesgan su salud al extremo con dietas súper estrictas ni largas jornadas de mucha rigidez en el gimnasio, de hecho siempre realizo todo bajos los parámetros normales, obteniendo de igual manera los resultados que he querido.

La cuestión en esto de las dietas y el gimnasio no es más que de física y pura VOLUNTAD. Y es la que a muchas y muchos nos falta. Claro, yo soy muy dedicada cuando me propongo las cosas, pero debo confesar que hay momentos en que he desfallecido. A raíz de una autovaloración y de mirarme frente al espejo y no estar a gusto con la imagen reflejada, porque ya la ropa no me queda igual de bonita que antes, porque simplemente no me siento contenta conmigo misma, he decidido empezar la DIETA y complementarla con mis rutinas en el GYM. Y me toca escribirlo, y postearlo, para que el compromiso sea algo que pueda ver y recordarlo cuando sienta que se me está olvidando, además, que estarían ustedes como testigos. Es que definitivamente, ya no se puede postergar más.

Y sí, aunque a mí me fascinan, me encantan los gorditos, no tengo ningún inconveniente con ello, pues yo si de gordita no me quiero pero ni cinco. Así que por vanidad, por autoestima, por salud, a partir de mañana entraré en mi “DIET TIME”. Deséenme éxitos y espero muy pronto poder volver a ser la “mamacita” que alguna vez fui. (modestia aparte)

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viernes, 16 de julio de 2010

¿Irresponsable yo? ¡Irresponsable tú!


*Nota: El siguiente texto no está basado en hechos reales. Fue inspirado en conversaciones cotidianas con amigos. Nada personal.

Ayer se atrevió a hablarme de responsabilidad. Su cara de prepotencia y arrogancia no hicieron más que despertar en mí un sentimiento de desprecio y casi odio instantáneo, por aquel ser al que tantas noches le había regalado y por el que había arriesgado muchas cosas en mi vida.

Su risa desparpajada, sus palabras en tono sarcástico, su incontrolable ego, me producían nauseas, me daban ganas de clavarle un puño en la nariz (pégale a alguien en la nariz y sabrás porqué lo digo) y exhibirlo en aquella sala llena de, digámosle ilustres, ilustres de mierda será. En fin, el festival de la pedantería y egos sobreactuados, donde él y yo nos encontramos por casualidades del destino y ahora venía a hablarme de responsabilidad.

Cómo puede hablarme de responsabilidad un ser al que le encomendé el más importante órgano de mi cuerpo, el que genera mis latidos, el que guarda mis sentimientos, el que una vez se detiene nos manda fuera de este mundo: MI CORAZÓN. Y a él, a ese miserable que tenía allí en frente, se lo regalé, porque en mi perspicaz ignorancia consideré que era la persona adecuada para tenerlo, cometiendo así el más garrafal de los errores, porque tan poco fue el valor que le dio, que lo dejó caer de sus manos al último rincón del infierno, del cual aún no ha podido salir. Ya se imaginarán ustedes el estado de aquel corazón, herido y moribundo, que a diario se alimenta de las migajas de cariño que extraños y conocidos regalan por caridad.

Cómo puede hablarme de responsabilidad ese ser que representaba la luz en mi vida, así como el sol en las mañanas, él alumbraba cada acción con su sonrisa y forma de ser. Y tampoco le importó dejarme tirada ad portas de las tinieblas y la oscuridad extrema que no me deja ver más allá de mis miedos y frustraciones. Soy una ciega a la que el más mínimo rayo de sol, causa molestia.

Cómo puede hablarme de responsabilidad aquel hombre al que encomendé cada uno de mis pensamientos, ilusiones, sueños, anhelos. Es que me pregunto, cómo pudo echar a la basura, todos aquellos proyectos que para mí eran valiosos y que requerían de su apoyo y compañía para ser llevados a cabo. Y sí a él, eso no le causa ningún remordimiento, en lo absoluto.

Y podría escribir una Biblia si quisiera, restregándole cómo puede hablarme de responsabilidad una persona que no tiene ni la más mínima idea de lo que esto significa y conlleva, porque con el sólo hecho de mirar sus actos, basta notar cuánta incoherencia existe entre lo que dice y hace.

Y tal vez tenga razón, yo también fui irresponsable. Podría reconocerlo. Después de todo, fui yo quién decidí confiar en él y entregarme cuerpo y alma a sus caprichos e indecisiones, a sus mentiras y falsas promesas, a su egoísmo y encanto natural, a lo que fue y a lo que decía ser.

Pero no, aún en mi dolor me quedé callada. Con los ojos encharcados pero sin soltar ni una lágrima, escuchaba atenta cada blasfemia disparada, cada frase sin sentido, no quería herir susceptibilidades y mucho menos en aquel sitio, donde mis palabras podrían quedar grabadas y utilizadas para ejemplo del fracaso emocional.

Y él seguía. Se creía convencido, claro, siempre había tenido la razón porque yo siempre se la daba. Disfrutaba cada “argumento” para justificar mi “irresponsabilidad” con lo que hace mucho tiempo atrás sucedió. En su rostro había un aire de satisfacción increíble, era evidente, el disfrutaba mi dolor, siempre lo había hecho.

Terminada la conversación. Me paré sin vacilar de aquella mesa y salí huyendo de ese lugar donde el ambiente era más pesado que un matrimonio a la fuerza.

En cuestiones de amor, no se trata de buscar culpables ni mucho menos juzgarlo. En cierta medida, todos nos volvemos irresponsables y/o somos irresponsables por naturaleza. Nada es perfecto. Errores cometemos, errores reparamos, errores olvidamos, errores volvemos a cometer.

Aquel hombre irresponsable morirá convencido, que en cuestiones de amor, también es un “gurú”. Y no sabe lo equivocado que está.


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jueves, 15 de julio de 2010

Pesadillas reales...


Laura se ha despertado a eso de las 2:11 a.m. Un mal sueño es el causante de su insomnio. Da vueltas en la cama y siente un cruel ardor en el estómago.

- - Bendita gastritis, se dice.

Decide levantarse y caminar por su habitación en medio de la noche. Da golpes a la pared, mientras el llanto inevitable se desborda en aquella mujer. Se arrincona en una de las esquinas, apretando uno de sus cojines favoritos, aquel mismo que huele a chicle de fresa.

Quisiera entender por qué le duelen tanto las cosas. Miles de imágenes pasan por su cabeza, recuerdos que van y vienen sin cesar. En medio del llanto alcanza a sonreír al recordar tantos momentos felices. Pero algo aprieta y quema su corazón al mismo tiempo, algo que le produce un dolor indescriptible y que aumenta el caudal de lágrimas que se desprenden de sus ojos verdes.

Llegan las 5:00 a.m. y es como si el tiempo no hubiera pasado. Allí tendida en el piso, sin fuerzas, con las lágrimas escurridas hasta la última gota, mirando hacia la ventana, aún está oscuro afuera, quisiera que el tiempo se detuviera. El letargo espantoso en el que se encuentra no le permite recordar que a las 7:30 a.m. tiene cita con el Presidente de la compañía para la que trabaja por aquel tema de su ascenso, el sueño de su carrera profesional, por el que había trabajado incansablemente durante el último año.

Ya nada tiene sentido ahora. Se levanta y se mira en el espejo. No es capaz siquiera de reconocer la mujer que allí se refleja. Le han robado el alma, se lamenta. Abre los brazos y se deja caer sobre su cama, alcanza a olfatear un olor familiar, un olor que en estos momentos le hace daño.

Cierra los ojos mientras se repite mentalmente: “esto de extrañar no se hizo para mí”.

- - Quisiera que esto solo fuera un mal sueño. Se repite.

Laura apenas está comprendiendo que hay pesadillas que se vuelven reales. Ya ella lo está viviendo. Una pesadilla tan real que la tiene atada de manos y pies. Y duele, duele.

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martes, 13 de julio de 2010

¡Fue chévere mientras duró!


Hoy leía en Twitter una frase escrita por @n0ta_mental que decía “fue chévere mientras duró”. Y aunque no quería, la frase empezó a merodear mi cabeza y a inquietarme los pensamientos. Y me dije “cuánta razón”. Y es que casi todo es chévere mientras dura, pa’ que no nos enfoquemos solo en las relaciones afectivas. Lo malo es cuando las cosas se acaban, la post situación muchas veces no es agradable, porque hay una sensación de pérdida, la nostalgia típica de los finales o porque se quedaron con ganas de más.

Pero bueno, es inevitable no referirme a las relaciones sentimentales, igual somos seres sociales que establecemos diariamente relaciones (de todo tipo) y de eso vivimos, lo queramos o no. Y recordando la frase del principio, me repetía una vez más “cuánta razón”: cuando empezamos y permanecemos vinculados afectivamente con una persona llámese novio(a), amante, esposo(a), vacile, amigo(a) especial, cacho, levante, etc., las cosas suelen ser muy chéveres, se disfruta cada acción que se realiza conjuntamente. La otra persona se convierte entonces en ese complemento ideal, perfecto, carente de defectos, porque aunque sepamos que los tiene, los pasamos por alto, y nos enfocamos más en las cualidades y virtudes que esta tiene y que nos gustan mucho.

Así que no nos importa mucho si el novio es un poquito amargado, a veces sale con groserías, o dice mentiras, o la chica es muy vanidosa, caprichosa, un poco insegura, a veces cantaletosa, en fin, todo esto lo pasamos por alto “mientras estamos”, porque esa otra persona al mismo tiempo es la más cariñosa, la más atenta, la más detallista, la que nos consiente, la que te apoya y te ayuda en los momentos difíciles, la que te dice palabras bonitas que te animan, ustedes saben más que yo de todas esas cosas. Mejor dicho, la venda en los ojos es tan grande que no alcanzamos a dimensionar la complejidad de los defectos de ésta. Por algo dicen que “el amor es ciego”.

Pero resulta que por X o Y motivo, las cosas se acaban. Como todo, se terminan y hay que afrontar con dignidad lo que se viene. Para mí los finales no son de mi agrado, quisiera que las cosas durarán más o no se acabaran de la manera en que suelen terminar. Y bien, a muchos nos da la tusa terrible, que melancolía tan harta, los recuerdos hacen de las suyas, hasta soñamos con esa persona, vivimos de anhelos involuntarios, lloramos con cada canción que la letra exprese lo vivido o que nos recuerde a esa persona, en fin, entramos en una etapa de duelo total, nada envidiable.

Sin embargo, hay parejas que aunque terminen lo que tenían, pues continúan con una relación civilizada de “amigos”, de pronto el motivo del rompimiento no fue muy grave, o fue una cosa de común acuerdo, y no hay inconveniente en seguir frecuentándose de otra manera. Y sí, pues la idea es llevar todo pausado, un trato normal, sin rencores ni resentimientos, es otro cuento.

Pero…a muchos no se les da muy bien, eso de ser “buen ex”, por más que lo intenten. Cuando empiezan a relacionarse ya en otro contexto con la otra persona, que en un tiempo para ellos fue “perfecta” o al menos casi, con la que todo era amor y no había lugar para enfrentamientos amargos, ya en esta nueva etapa, cuando la venda se ha caído, empiezan a notar todos esos defectos que la ex pareja tiene, de hecho siempre los ha tenido, pero que por la vinculación sentimental que tenían, no se percataron de ellos o simplemente los ignoraron.

Y empiezan los conflictos, por pequeñas cosas. Es entonces cuando la chica se da cuenta que su ex amado es un amargado total, que nada le causa gracia, que es muy prepotente, “uy que guache”, “que man tan grosero”, “yo no sé cómo no me di cuenta antes”, y lo mismo pasa con ellos, “uy esta vieja es una inmadura”, “que niña tan caprichosa”, “que ridícula”, “es una loca total”, “quién me mandó a meterme con esa vieja”, etc.

Es más, muchas cosas que antes le gustaban de su pareja, luego las odian. Como lo dice Adriana Lucía en una de sus canciones “y lo que antes te gustaba, es lo que ahora te molesta”. Si la niña cantaba, entonces ahora dicen “uy y yo no sé quién le dijo que ella servía pa’ cantante”, cuando antes se moría porque la susodicha le cantara, o si el man habla mucho ella dice “uy no, es un charlatán de primera”, cuando antes le parecía un excelente conversador. Y así, con muchas situaciones. Si antes se dejaban mensajitos por todas las redes sociales, luego les parece que es una hartera y una pérdida de tiempo. Que complicados somos, en serio.

Y se confirma la frase todo “fue chévere mientras duró”. Aunque después tratemos de llevar la más cordial de las relaciones, saldrán a relucir estos pequeños conflictos, que a algunos no les afectan en lo absoluto, y a otros simplemente, los terminan alejando de una vez por todas, tal vez para evitar hacerse daño con agresiones absurdas. Y es que hay ex que se vuelven insoportables y solo aparecen y re-aparecen en tu vida para cantaletearte y criticarte por alguna acción, por lo que haces y dejas de hacer. Y es ahí, cuando muchas y muchos preferimos simplemente, que se los trague la tierra y no aparezcan más, porque de verdad, aunque ya no exista un nexo sentimental, suelen hacer daño con sus comentarios y amargarte el momento.

En mi caso, puedo decir que me pasó con una persona, con la que hace años tuve “algo”, y cada que regresa a mí, por alguna excusa tonta que se inventa, me hace la vida de cuadritos con reclamos y regaños pendejos. Y como me aburrí de eso, esta semana definitivamente lo mandé a volar. De resto, mantengo buena relación, con esos hombrecitos que han hecho parte de mi vida de una manera muy especial. Y lo mejor, no tengo quejas.

Y me despido diciendo: “no llores porque terminó, sonríe porque sucedió”. Y sí fue chévere mientras duró, de ¿qué te quejas?

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lunes, 12 de julio de 2010

La vida de cuadritos...


No soy la mujer perfecta. De hecho, aunque me gustaría serlo, tengo que aceptar que soy una muñeca con muchos defectos de fábrica. Y con esto no me refiero al aspecto físico solamente, sino a aquellas imperfecciones que se ven reflejadas en mí actuar con los demás y otras acciones cotidianas.

Así como es sano reconocer y aceptar nuestras mayores cualidades y virtudes, también lo es admitir nuestros defectos, esos que muchas veces queremos esconder o quisiéramos no tener, pero que no sé si desafortunadamente, nos acompañan, algunos por unas etapas de la vida (mientras se corrigen) y otros por siempre, porque simplemente hacen parte de nuestra esencia.

Y aquí voy. Tal vez para muchas personas, soy detestable. Y puedo ser detestable porque soy una mujer demasiado caprichosa, acostumbrada a que quiénes me rodean actúen como yo quiero que lo hagan, que me complazcan en lo mínimo y no me pongan resistencia a las cosas.

Detestable, porque soy muy impaciente. Odio que me hagan esperar y cuando esto sucede, liberan de mi interior un ser amargo, que es capaz de herir y humillar sin pensar en las consecuencias. Tengo la mala costumbre de reaccionar por instinto, no soy de las que se ponen a esperar que la cabeza se enfríe para actuar, esto me cuesta muchos disgustos semanales.

Detestable, porque odio las mentiras y quiénes tienen la osadía de mentirme, tarde o temprano terminan por arrepentirse. Y es que sí, soy vengativa. No me gusta quedarme con nada, y como dice una vallenato por ahí “aquel que me la hace, yo también se la hago y no pasa nada”. Y esta es una de las partes que menos me gusta de mí y aunque puedo disfrutar una venganza, a la final me puede más el corazón, y termino perdonando todo, aunque no niego que siempre queda en mí una mínima sensación de rencor por lo sucedido. Mejor dicho, perdono pero no olvido.

Detestable, porque muchas veces ni yo misma me soporto ese mal genio que me carcome. Y debo decir, que ese mal genio está justificado por otras acciones que me han hecho. Porque yo a las buenas, soy la mujer más dulce y alegre del mundo, un algodón de azúcar me queda pequeño. Pero cuando la gente se empecina en sacarme la piedra y llevarme la contraria, aflora en mí, ese genio que mi mamá odia, que yo quisiera controlar, pero por más que quiero no puedo.

Detestable, porque a mucha gente le cuesta darse cuenta que a las buenas soy buenas, y a las malas, re-mala. No suelo quedarme callada cuando me siento agredida y humillada, cuando siento que me están lastimando sin importarles en lo más mínimo, cuando me siento dolida y decepcionada, cuando me siento engañada y pordebajeada. Y creo que esta es una reacción apenas normal, natural de los seres humanos: responder a las agresiones y provocaciones.

Detestable, porque digo la verdad a quién tenga que decirla sin pelos en la lengua, aquí hablamos a calzón quitao. Y muchas veces peco por imprudente y deslenguada, y sí, hay que tratar de moderarse muchas veces en las acciones y en el hablar.

Detestable, porque soy muy grosera incluso con aquellos a quienes quiero profundamente.

Detestable, porque aborrezco que me den órdenes y me presionen con las cosas que tengo que hacer. Esto me ha costado muchos regaños laborales, de hecho uno de mis jefes me apodaba “mi pequeña desobediente”, y suelo tener inconvenientes con las normas, aunque respeto la autoridad, hay veces que simplemente se me da por hacer lo que se me da la gana. Mal hecho.

Detestable, porque puedo ser arrogante y prepotente, me gusta tener la última palabra siempre y que mis decisiones sean aceptadas por todos. Esto me ha provocado un daño severo, me ha enseñado a no saber perder y a desmoronarme cual pandero en la boca, cuando las cosas no resultan como yo quiero y planeo. Estoy en pro de mejorar este aspecto, ya voy progresando.

Detestable, porque mi orgullo me puede más, y aunque esté equivocada, no aceptaré mi error, hasta que no de la última batalla por demostrar que tengo la razón. De verdad, no me gusta que me contradigan. Si, bastante obstinada, pero ya he aprendido que hay momentos en los que simplemente toca morderse la lengua, atarse las manos y ceder, nada que hacer.

Detestable, porque suelo ser egoísta e individualista. Aunque me va muy bien con el trabajo en grupo, prefiero mil veces hacer las cosas sola, sin tener que estar atenida a otros y estar propensa a que si estos fallan, la falla también será tuya. Y cuando me fallan, pierdo la poca tolerancia que poseo.

Detestable, porque muchos no entienden que me gusta ser sociable cada cierto tiempo, pero que la soledad se lleva conmigo a la perfección, será por la costumbre. Y no es que sea ermitaña, simplemente, muchas veces estando sola, puedo concentrarme mejor y planear claramente mis próximos pasos. Cuando necesito la ayuda y compañía de los demás, simplemente la busco, y aquellos a quienes considero mis amigos de verdad, siempre están ahí para apoyarme.

Detestable, porque puedo volverme intensa con un tema y así será, hasta que no se me salga de la cabeza. Lo siento.

Bueno, como lo ven, existen muchas razones por las cuales, seguro muchos de ustedes y muchos más, me consideran detestable, tal vez porque les ha tocado lidiar más de cerca con estos defectos o porque “en su defecto” ustedes provocan que estos salgan a flote.

He escrito este post como parte de un ejercicio de “auto-conocimiento” y “auto-descubrimiento”, aceptando que no soy perfecta y que tengo más defectos de los que yo creía tener. Y es bueno, porque así sé qué aspectos definitivamente, necesito cambiar de manera cuasi-urgente y con cuáles me tocará aprender a vivir, pero siempre tratando de moderarlo, como el mal genio por ejemplo, ya eso es una cuestión genética, y lo he ido aprendiendo a controlar.

De antemano, pido disculpas a quiénes han sido víctimas de mis defectos (creo que la mayoría), a aquellos a los que le he hecho la vida de cuadritos. Pero recuerden que la moneda tiene dos caras: este es mi lado negativo, el que muchos conocen, el que otros ignoran/ignoraban. En sus manos, mente y corazón está aprenderme a querer y aceptar con mis defectos y cualidades, y colocar en una balanza si los momentos compartidos son más positivos que negativos, y merezco seguir estando en la lista de personas de su afecto. Yo sé que si. ;-)

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viernes, 9 de julio de 2010

Cuestiones de gusto...


En esta sociedad de consumo, del marketing, de la moda donde todo gira alrededor de la imagen y la belleza, hombres y mujeres nos hemos vuelto esclavos de unos cánones que algunos se creyeron con el derecho a establecerlos, y muchos más los hemos aceptado como si fueran una verdad absoluta.

Resulta que las mujeres debemos tener 90 cms de busto, 60 cms de cintura y 90 cms de caderas para enlistarnos en el grupo de las medidas perfectas, ese cuerpo de guitarra que nos hace más atractivas para los hombres. De esta manera, no tendremos inconvenientes con la moda que los diseñadores se encargan de inventar y que modelos escuálidas y desgarbadas se encargan de mostrar al mundo, haciéndonos creer que eso es lo correcto, lo mejor, que así debemos ser/estar todas.

Y es por ello que nos vemos envueltas haciendo de todo por estar “bellas”: practicamos todas las dietas habidas y por haber (atún, berenjena, piña, avena, manzana, banano, etc.), muchas veces inventándolas y exponiéndonos así a una peligrosa descompensación, que tomando pastillas, malteadas y otras pócimas adelgazantes, comprando la crema caliente, la fría, la de algas, que poniéndonos la faja, yendo 4 horas al gym, pagando no sé cuanta plata en sesiones de masajes, gimnasia pasiva, vacumterapia, yesoterapia, y en el último de los casos, recurriendo al bisturí, exponiendo la vida en una sala de cirugía por causa de una liposucción u otro procedimiento quirúrgico de carácter estético.

Y es que sí, a nosotras nos enseñó la sociedad, a través de la publicidad, de la televisión, de los continuos mensajes que recibimos a diario, que así y sólo así, seremos unas mujeres lindas y exitosas, porque lamentablemente, la capacidad de ser exitosos ha sido relacionada directamente con la belleza de las personas. Pero ese no es el enfoque que quiero tratar en este post.

Y bueno, para nadie es un secreto que a los hombres les gustan mucho las mujeres con medidas perfectas o “cuasi” perfectas. Se desviven por unas buenas pechugas, una cintura pequeña y un buen culo, aunque también tienen en cuenta otros aspectos como el rostro y cabello de la susodicha, la personalidad y ya cada quién tiene otros detalles en los que se fija. No digo que TODOS los hombres sean así, pero bueno, hay que aceptar que la gran mayoría entran en ese grupo que quisieran tener a su lado a una modelo de revista, una “mamacita” que puedan exhibir cuando salen a la calle y chicanear ante sus amigos.

Y ellos, ¿será que si se preocupan tanto por cuidar su físico? ¿Las mujeres somos igual de exigentes en el aspecto físico cómo ellos al momento de buscar pareja? Bueno, si bien es cierto que hay hombres vanidosos, a los que les gusta cuidarse, ir al gym, se preocupan por mantenerse bien vestidos, comen saludable, que no les salga barriga, etc., la mayoría de los hombres que conozco les importan poco estas cosas.

Y debo decir, que sinceramente, a mí no me gustan ni me impresionan esos “machitos caribonitos musculosos” que se la pasan todo una jornada en el gym alzando pesas y tratando de impresionar al resto con sus súper brazotes y piernotas, las chocolatinas perfectamente marcadas, la cola más dura que una piedra, etc. No. A mí me gustan los hombres normales, esos que tu puedes abrazar y los sientes suaves y no duros, como si fueran un maniquí de tienda. Esos que tienen barriga porque comen lo que se les da la gana y toman cerveza sin importar que se vayan a engordar.

Me gustan esos hombres con los que más allá del físico, sean inteligentes, puedas tener una buena conversación, que te hagan sonreír, manejen un excelente sentido del humor, te sorprendan con detalles, sean caballerosos, te consientan mucho. Esos hombres con los que puedes ser tu misma, que te aceptan con tus defectos y cualidades, que te soportan los amargues, que te besan las lágrimas. Esos hombres con los que puedes armar cualquier plan y pasarla increíble, con los que podrías bailar toda una noche sin parar (requisito indispensable para mí), arruncharte a ver una película, ver un atardecer o un amanecer. Esos hombres con los que te puedes levantar cada día y empezar de nuevo.

Esos hombres que gritan y se emocionan viendo un partido de fútbol o de béisbol, que hablan de sexo sin tapujos, que les gusta el dominó, que te cuentan un chiste y puede ser el más malo del mundo pero igual te hacen reír, que le ponen a sabor a todo lo que hacen en la vida.

Si, definitivamente, esos son los hombres que me gustan. Esos que huelen delicioso y se visten bonito, aunque también tienen sus momentos de “fachas” pero aún así, te siguen atrayendo. Esos modelitos de revista, para mí, solo son eso: personajes que sirven para recrear la vista y nada más. Y no es que los modelitos carezcan de muchas de las cualidades mencionadas anteriormente. Lo que sucedes es que a mi lado me gusta tener más que figuritas, hombres que tengan claro lo que quieren en la vida y que sus intereses estén centrados en otras cosas, más allá del físico. Aunque es claro, que tampoco digo que me gusten los “feos-feos”, a mí suelen conquistarme otros aspectos más allá de una cara bonita y un cuerpo marcado por músculos.

Y bueno, si, a mi me gustan gorditos, con barriga ¿y qué? Nada que ver con flacuchos huesudos. Entre gusto y gusto, no hay disgusto. Ya habrá mujeres a las que finalmente, las matan los modelos acuerpados “careniñas”, esos son sus gustos y hay que respetarlos igual. Mi mamá suele preguntarme: ¿por qué nosotras no les exigimos a ellos que se mantengan a la línea así como muchas veces ellos lo hacen con nosotras con el cuento de “te estás poniendo gordita”? Y la verdad es que no tengo una respuesta para ello, sencillamente, porque así como son nos gustan y ya, para qué pedirles que cambien.

Y muy felices salimos de la mano con nuestro “gordo”, y no nos importa qué pueda pensar la gente que está alrededor. Mientras tanto, yo sí seguiré preocupándome por mi figura y por verme linda, más que por complacer la vista de quienes me rodean, por sentirme bien conmigo misma, es una cuestión de amor propio. Aunque sería hacerle caso a aquello de los cánones y etcétera, pues qué se le va a hacer, ese concepto de belleza ya quedó inculcado en el chip mental femenino, y aunque no quiere decir que los siga al pie de la letra, por lo menos, rescato algunas cosas que sí son apropiadas para lograr la proyección de imagen adecuada, de acuerdo a nuestra personalidad.

Aunque la verdad, sería mejor terminar cantándonos como dice Julieta Venegas: “yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estás, no hace falta cambiarte nada”.


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jueves, 8 de julio de 2010

Eres la inspiración...


Hay personas que en tu vida llegan a representar más que una amistad, más que una compañía, más que un amor. Personas que de una u otra manera, rompen esquemas y empiezan a generar en ti otro tipo de comportamientos, sentimientos y sensaciones.

Tengo que confesar que me gusta estar rodeada de gente inteligente, a la que pueda admirar por cualquier motivo, gente que tenga algo que enseñarme, que tenga algo que aportar a mi vida, de una manera positiva. Y he contado con mucha suerte en ese aspecto, pues puedo decir, que he estado rodeada de personas que con todo y sus defectos, me han regalado un poco de sus valiosas cualidades y virtudes, y que para mí significan mucho más que las cosas materiales y otras circunstancias.

Y sí. Lo que más me gusta de todo, son esas personas que son capaces de inspirarte, que te mueven a hacer las cosas y últimamente, me he tropezado con par de personitas a las que vale la pena darles las gracias por convertirse en esas “musas” y “musos” (¿?) que han hecho que nuevamente vuelva a creer en mis capacidades con mayor fuerza y luchar por las cosas que quiero alcanzar en la vida.

Son de esas personas que te demuestran que la vida no es para quedarse achantada, viendo como pasa todo frente a ti, sino para actuar y generar acciones que te permitan involucrarte en ella y sacarle el mayor provecho a cada situación. Personas que manejan un nivel de positivismo increíble y contagioso, para las que no existe la palabra derrota ni frustraciones, sino al contrario, cada obstáculo en el camino constituye una oportunidad para mejorar los errores cometidos y aprender a enfrentar y evitar este tipo de situaciones a futuro.

Personas que a pesar de los problemas que puedan tener, mantienen una sonrisa en el rostro, siempre poniéndole buena cara a la vida, y sobre todo, demostrándote que aunque el mundo se derrumbe a tus pies, no debes desquitarte nunca con quienes te rodean, ellos no tienen la culpa de los momentos amargos por los que atraviesas. Personas que se esfuerzan cada día por cumplir sus metas, ilusiones, sueños, poniéndole todo su empeño y empuje para conseguirlo.

Personas a las que no les afecta el éxito que logran alcanzar como producto de sus continuos esfuerzos, y al contrario, cuánto más logran, más humildes se comportan, porque saben que lo que les fue entregado hoy, les puede ser quitado mañana, y la tarea de conservarlo siempre será un reto constante para ellos.

Personas que con solo verlas, te llenas de esa buena energía, y estar a su lado representa una felicidad constante de saberte bien rodeada. De esas que siempre tendrán un buen consejo para ti, que si te regañan es porque quieren que solo te sucedan cosas buenas y que aprendas a no cometer errores cuando muchas veces los puedes evitar; que llegan a tu lado con la frase adecuada en el momento indicado. Personas que son como un suspiro en medio del desespero, la calma en medio de la tormenta, la mano que se extiende para levantarte cuando has caído y no tienes fuerza para levantarte.

Personas a las que les digo “eres la inspiración, tu creas y eres creación”, con las cuales me siento muy agradecida por todo lo que representan en mi vida, porque gracias a todo lo que hacen, me han servido de inspiración para luchar por mis sueños y metas, por lo que quiero para mi presente y mi futuro.

No tengo que dar nombres, sencillamente, cada quién sabe qué ha aportado a la vida de esta servidora, y si con sus acciones le han devuelto los colores a mi mundo cuando lo tenía en blanco y negro.

Sólo me resta decir: ¡GRACIAS POR SER MI INSPIRACIÓN!

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miércoles, 7 de julio de 2010

¿Capricho?


"Definición de Capricho: Es algo que se quiere o desea, sin importar si es en beneficio o perjuicio de uno mismo o de los demás, sin conocer la razón, el porqué y para qué, de esta necesidad ó utilidad.

SÍ me importa el beneficio, tengo claro el por qué y el para qué y las razones me sobran.
Tú sabrás si es un capricho."


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