sábado, 23 de abril de 2011

10 maneras de extrañar...


De esas cosas que se extrañan por estos días...

El orden de los factores no altera el producto…

1. Una llamada, mensaje de texto, un DM, de alguien que te da las buenas noches, buenos días, que te dice cosas bonitas o cuánto te quiere, o porque se acordó de ti durante el día, o se le ocurrió dedicarte una canción, o cualquier bobada porque sí, porque al menos pensó en ti o porque sencillamente le importas.

2. A mis abuelitos que están en Cartagena y que adoro con todo mi corazón.

3. Alguien que le guste perder el tiempo conmigo, que se ría de mis locuras, que me abrace cuando tenga frío, que no le dé miedo agarrarme de la mano, que bese mis lágrimas y que ahuyente mis miedos y preocupaciones.

4. A mis amigas de Cartagena con las que solía armar cualquier plan y me secundaban en todo. Con ellas siempre hay garantía de pasarla súper bien.

5. Alguien que me sorprenda. Amo las sorpresas y llevo mucho tiempo sin recibir una que me recuerde precisamente porque las amo tanto.

6. Mi mar. Ya no tengo a quién regalarle mis lágrimas cuando me siento mal o a quién contarle mis penas y angustias sin temor a que me señalen y que me transmita esa tranquilidad que solo él sabe darme.

7. La emoción de ver a alguien, de recibir una llamada de esas que te pone “happy happy”, de las mariposas en el estómago, del no poder dormir de la felicidad, del sentirte correspondida.

8. Las callecitas del Centro de Cartagena, sus murallas, sus plazas, su gente, su algarabía, la alegría que se respira en cada rincón de mi ciudad adorada.

9. Sentir el cariño y afecto sincero, de personas que están contigo, no por pasar el tiempo sino porque de verdad les importas.

10. Y entre otras cosas que extraño, me extraño YO MISMA. Porque tal vez el tiempo y las circunstancias te hacen madurar y cambiar ciertos aspectos de tu vida, pero siendo sincera conmigo misma, me gustaba más cómo era antes. #YoMeEntiendo.

Y es que eso de extrañar, es una vaina jodida…muy jodida…

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jueves, 21 de abril de 2011

En la ciudad de los paragüas...


Hoy es un día soleado, de esos pocos que suele haber en Bogotá, la capital colombiana. Y se siente bien esa combinación de frío y calorcito, de verdad, resulta muy agradable, especialmente para aquellos seres que nacimos a orillas del Mar Caribe y que por circunstancias de la vida ahora somos parte de esta caótica, gris y fría ciudad que nos acoge como los extraños alegres que somos.

El 7 de febrero de 2011, a las 10:40 p.m. arribé a la famosa “nevera” procedente de Cartagena de Indias, tierra hermosa y calurosa, en un viaje tan improvisado como inesperado, porque una llamada a las 4 de la tarde de ese mismo día, me indicó que al día siguiente debía presentarme a una entrevista de trabajo a las 8:45 a.m. Era la oportunidad que estaba esperando: un cargo importante en la mejor universidad privada del país, cómo desaprovecharla.

Así que cargada de la mejor energía y de todo lo que te toca empacar cuando cambias de ciudad, con una rara sensación, porque todo fue tan rápido que no hubo tiempo para despedidas, ni nostalgias, ni nada, simplemente unas cuantas lágrimas que lograron salirse cuando por la ventanilla del avión me despedía de las luces de mi ciudad amada y de sus paisajes nocturnos sin saber cuándo las volvería a ver. ¡Ah! Y por supuesto porque dejaba en mi terruño a las personas que más amo sobre la faz de la tierra: mis viejitos lindos, mis abuelitos.

Pero bueno, el reto ahora era demostrar todo mi talento profesional y humano, y conseguir el objetivo: ganar el puesto. Así que a las 8:30 a.m. (15 minutos antes de la hora citada) del día programado, me hallaba sentada en aquella salita de la Oficina de Gestión Humana esperando que me indicaran que debía hacer. Y noté como fueron llegando otras personas, con actitud de ganadores, que venían para lo mismo que yo.

Después de la primera entrevista y las pruebas iniciales, me di cuenta que tenía todo para conseguir el puesto, así que con cero nervios, afronté las siguientes entrevistas y las siguientes pruebas, y así sucesivamente, durante tres semanas de ir y venir, de hablar de mi experiencia laboral, de por qué me había arriesgado a venir a una ciudad extraña a la que solo en repetidas ocasiones había venido de vacaciones y a congresos, de demostrar que efectivamente, era la persona indicada para el cargo, de enfrentarme con personas preparadas al igual que yo, llegó el momento final, la entrevista decisiva, en la que quedamos sólo 2 personas, de 140 que inicialmente enviaron su hoja de vida para postularse al cargo. Y ahí estaba yo, orgullosa por haber llegado a esa instancia, porque mi esfuerzo estaba valiendo la pena.

Esa última entrevista fue con una máxima autoridad de la universidad y una vez salí de ahí, sentí la misma sensación que tuve cuando me hicieron la entrevista en la Universidad que estudié mi carrera para darme la beca con la que me pude formar como Comunicadora. Y así fue, llegó la llamada ganadora: “Felicitaciones Srta. Brú, usted ha sido seleccionada para el cargo…”. La felicidad que me embargaba era indescriptible, mi familia y amigos emocionados por la buena nueva, de verdad un gran logro a nivel personal y profesional.

El 1 de marzo inicié mis labores con muchas expectativas y ganas de demostrar por qué había sido seleccionada para ese importante cargo, que no quedara duda que no se habían equivocado en la elección. Tengo que decir, que es lo mejor que me ha pasado en este año. Amo mi trabajo con pasión, estoy haciendo lo que más me gusta, disfruto cada cosa que hago. Mi jefa y compañeros de trabajo han sido un gran apoyo para que mi acoplamiento sea efectivo, incluso, he sobrepasado expectativas, ya que he aprendido con facilidad procedimientos de sistemas que me toca manejar que parecen complicados, pero a la final, no lo resultan tanto. Me he retado a mí misma para cumplir con todas las responsabilidades del cargo (que son muchas por no decir demasiadas) y con mi trabajo ayudar al cumplimiento de los objetivos de mi departamento. Y lo he logrado, tanto que hoy por hoy me siento muy orgullosa de la excelente profesional que soy y de todo lo que estoy aprendiendo a través de esta nueva experiencia.

Y así como me estoy acostumbrando a mi trabajo, también me estoy acostumbrando a esta ciudad. El frío bogotano es amañador, aunque hay momentos cuando cual niño pequeño se vuelve insoportable. Digamos que es un clima bipolar: cuando empecé a escribir este post había un sol radiante hermoso, ahorita en estos momentos, ya se ha nublado un poco y empiezan a caer unas tímidas gotas de lluvia. Y así se la pasa. Claro, he disfrutado de fines de semana con un sol espectacular y cero lluvias, los cuales aprovechamos con mi familia y vamos a recorrer parques, centros comerciales y otros tantos sitios de interés que tiene esta metrópolis.

He aprendido a cantar bajo la lluvia capitalina nocturna, cuando de regreso a casa, después de un día de trabajo, la lluvia arremete y se empecina en ser mi acompañante. Desde el 5to piso de mi lugar de trabajo, miro por la ventana el festival del paragüas: se le tiene de todos los colores y formas. Ahorita están muy de moda los de bolitas de colores, un style muy “retro”, pero sin duda, el color que más abunda es el negro.

Y así es Bogotá, una ciudad oscura, muy gris. Los colores que más abundan por las calles en la vestimenta de las personas son el negro, gris, azul oscuro, café y morado. Los colores cálidos, propios de la tierra que me vio nacer, escasamente se ven en estos lares. Las personas son igual de frías aunque no te niegan el saludo. Será por eso, que tengo un club de fans por acá que viven encantados con mi alegría, espontaneidad y particular manera de hablar y tratar a las demás personas. Es que el calor humano del costeño es inigualable, tú resaltas dentro de ese grupo de personas monótonas y de poco sonreír. Claro, no generalizo. Gracias a Dios me he topado con “cachacos” alegres y de buen ambiente, que me han recibido muy bien, y ayudado bastante en este proceso de adaptación.

Me gusta Bogotá, pero extraño y no olvido nunca a mi Cartagena del alma. Lo que más me hace falta es mi gente y su calor humano, los colores de mi ciudad, brillantes y esplendorosos, la panorámica cartagenera, sus murallas, las callecitas del Centro Histórico, su estilo colonial, la comida y música caribeña, el vacile y sabor de la gente al hablar, caminar, cantar, el sol, en realidad, el sol no me hace mucha falta, pero sobre todo, mi amado Mar Caribe, el sentarme a cazar atardeceres sobre un Baluarte, el sentir el murmullo del mar aconsejándome y transmitirme la tranquilidad que por momentos me faltaba. Eso es lo que más extraño de mi ciudad.

Muy pronto visitaré a mi ciudad aunque será por pocos días. Por ahora, seguiré disfrutando de los momentos que la vida me brinda en esta nueva ciudad caótica como toda ciudad grande, donde se tienen ventajas al igual que desventajas, donde el sol casi no se aparece, donde cada día al caminar tienes que aprender a esquivar al de al lado, porque te puedes tropezar, y si miras desde arriba, apreciarás la feria de colores que hay allí abajo, cada quien con su paragüas, que en esta ciudad no es una opción o accesorio de ocasión: es un elemento de primera necesidad.

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jueves, 27 de enero de 2011

¡No estaba muerta, ni andaba de parranda!


Si, si, ya sé que muchos me han reclamado el terrible abandono en el que tenía a mi blog pero parece que las musas de la inspiración se tomaron unas serias vacaciones o tal vez se me agotaron los sentimientos que me impulsaban a escribir sobre cualquier tema.

Sin embargo, he extrañado mucho el placer de sentarme a escribir frente a un documento en blanco y dejar que las letras fluyan a su manera, que les cuenten mis pensamientos, mis emociones, lo que me alegra y me entristece, lo que me ilusiona y me decepciona, en fin, ya saben, todas esas cosillas que a través de mis posts les hago saber.

Me pasa algo muy curioso y es que aunque no me siente a plasmar muchos pensamientos, suele suceder que mientras camino, estoy en un sitio o haciendo cualquier cosa, voy tejiendo posts mentales sobre diferentes temas que se me ocurren, muchos relacionados con problemáticas de mi ciudad con las que me he involucrado por circunstancias de la vida o tal vez porque muy pero muy dentro de mí, habita una Alcaldesa o yo que sé, alguna tipa idealista, que sueña con resolver tantos problemas que a diario notamos cuando recorro las calles de mi hermosa pero desmejorada Cartagena.

O tal vez, algún atardecer de esos inspiradores me traen a la mente una mezcla de hermosos recuerdos y un toque de nostalgia hace aparición y ese extraño sentimentalismo crea interesantes composiciones en mi mente, y allí se quedan.

Y así pasa con las canciones, con las películas, con las amistades, con la vida misma. Todos se convierten en fuentes de inspiración momentánea, pero sin duda, me he vuelto un poco egoísta y prefiero que esos posts reposen en mi mente, que solo yo pueda recordarlos o ni eso, porque son tan fugaces que con la facilidad con que los pienso, así mismo se desvanecen.

Y hoy, estoy escribiendo estas cuantas líneas para dejarles saber que efectivamente NO ESTABA MUERTA, NI ANDABA DE PARRANDA, simplemente por muchas circunstancias más de ganas que de otra cosa, no había vuelto por aquí, pero ya decidí que eran suficientes vacaciones y pienso retomar nuevamente la escritura en mi blog.

Ni siquiera vine para desearles Feliz Navidad, ni Feliz Año 2011, bueno, ya que, pero sí espero que a todos me les vaya muy bien en este nuevo año que para mí pinta excelente y confío plenamente que así será.

Ah si! Y que el corazón anda muy feliz, soñando despierta, con los pies en la tierra pero mirando al cielo! Nos leemos pronto, muy pronto.


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