miércoles, 30 de junio de 2010

¡No quiero ser grande!


Es un hecho. No quiero ser grande. Si me permitiesen elegir un estado para permanecer eternamente sería el de seguir siendo una niña. Y sí, es que me he dado cuenta que ser grande no es tan chévere como yo creía, como lo esperaba…

De pequeña soñaba con crecer y creo que esto nos pasa a todos. Me divertía mucho jugando a la adulta, utilizando los tacones de mi mamá y mal utilizando sus maquillajes. Andaba con carteras (llenas de juguetes y otros chécheres), me hacía peinados extravagantes y hablaba mucho, metía la cuchareta siempre en las conversaciones de los grandes porque yo me creía así.

De adolescente, quería ser “grande” para poder ir a discotecas sin tener que presentar una contraseña falsa o quizás esconderme en el baño del lugar cuando llegaba la policía a hacer requisas y llevarse a los menores de edad. Quería ser grande para tener una profesión, para trabajar, tener una casa, encontrar al príncipe azul, formar un hogar y así ser feliz (que se note que de pequeña me leyeron muchos cuentos de los hermanos Grimm y vi todas las películas de Disney). Quería ser grande para adquirir independencia de mis padres y siendo sincera, para hacer más lo que se me diera la gana que lo que me ordenaran u obligaran; manejar mi propio dinero y gastarlo en lo que quisiera sin tener que rendir cuentas a nadie.

Ya estando en la Universidad, empecé a notar que eso de crecer no era tan chévere pero todavía se podía hacer algo para hacerlo más llevadero. Las largas jornadas estudiando para parciales (aunque siendo sincera, gracias a mi memoria fotográfica, no tenía que esforzarme mucho por estudiar y estudiar, simplemente prestaba mucha atención en la clases y listo) y haciendo trabajos que parecían interminables. Fines de semana sacrificados con tal de cumplir con los deberes porque para mí la Universidad siempre representó un reto, en el que debía demostrar hasta dónde era capaz de llegar y qué calidad de profesional quería ser (era-soy) yo.

Y así fue, todos mis esfuerzos se vieron recompensados con méritos, honores, etc., esos adornitos que se ven tan chéveres en la hoja de vida pero que al final no importan tanto como quisiéramos, y que en más de una ocasión me ha tocado eliminar del “curriculum vitae” al momento de buscar trabajo, porque las empresas suelen decirme “es que usted tiene el perfil muy alto para el cargo”, negándome así la oportunidad de adquirir experiencia y seguir creciendo profesionalmente en un empleo fijo.

Y digo yo que crecí. Claro, ya tengo 24 años, soy una profesional de la Comunicación Social, ahora me toca trabajar para darme mis gustos y no depender tanto de mis papás, que aunque sigo viviendo con ellos, toca empezar a generar independencia en ciertas cosas, como asumir mis propios gastos y caprichos.

Y en esta etapa de “ser grande”, pues las cosas no han sido color de rosa como yo las esperaba cuando pequeña. Como dice una canción por ahí “los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía”. Me ha tocado enfrentarme a muchos obstáculos para conseguir mis objetivos, algunos pequeños, otros tan grandes como monstruos que parecen invencibles. Tal vez porque no estaba acostumbrada/preparada para enfrentar estas cosas difíciles de la vida, porque gracias a Dios, a mis padres y a mi familia, nunca me ha faltado nada, siempre he sido una niña consentida a la que le fue complacido el mínimo capricho, incluso si en alguna época de nuestras vidas, estuvimos en alguna situación difícil, mis padres hicieron todo lo posible para que yo no sintiera ni sufriera las consecuencias, con decirles que estando en la Universidad, pasamos por una situación económica difícil por aquello de los problemas que tienen las empresas contratistas como la de mi señor padre (esos cuando los contratos se ponen difíciles), y pensé incluso en convertirme en mesera de un restaurante por las noches mientras estudiaba de día, pero recibí un NO rotundo en mi casa, porque para ellos lo más importante era que yo estuviera concentrada en mis estudios y no en los problemas de la casa, que ya ellos veían cómo resolverían.

Tal vez, tanto pechiche terminó por hacer de mi una mujer muy frágil ante los problemas y endeble ante los fracasos, porque es un hecho: NO SÉ PERDER y yo se que a nadie le gusta hacerlo, pero a mi tras que no me gusta, no sé asumir la posición adecuada y me derrumbo fácilmente cuando las cosas no salen como quiero y espero. Y estoy en ese proceso de cambiar de chip y de asumir una mejor posición frente a los problemas que esto de ser grande atañe, y aunque confieso que no es nada fácil, pues ahí voy dándole, metiéndole la ficha, porque eso sí, lo que ME PROPONGO, LO LOGRO, y ya lo he demostrado. Esto no será la excepción.

En esto de ser grande, tampoco me han gustado los miles de estrellones por fracasos amorosos y golpes al corazón. Y es que han sido tantas ilusiones en vano, que prefiero seguir siendo pequeña y vivir de esos amores de mentiritas que no hacen daño, que no maltratan, que no hacen sentirte como un culo (me perdonan la expresión, pero no hay mejor forma de definirlo). Y es que es tan complicado eso de olvidar para mí, que me da rabia conmigo misma. Eso de sentirme estúpida e idiota, por seguir “chorreando babas” por quien solo ha sabido despreciarme es un caso de masoquismo extremo, y cómo me gustaría no ser así, pero rayos, parece que es un mal que me aquejará hasta que no encuentre la persona adecuada, si es que al fin la hay.

En serio, quisiera volver a esa época donde las únicas preocupaciones que tenía era que me podía perder mis programas de tv. favoritos, o que se me perdiera algún juguete. Donde la responsabilidad que tenía era la de hacer tareas, sacar buenas notas y mantener mis cosas ordenadas. Esa época donde me reía de lo mínimo y lloraba por bobadas, donde tenía muchos amigos y si alguien no quería ser mi amigo, en realidad no me dolía tanto porque podría conseguir otros amigos fácilmente. Esa época donde mis grandes amores eran mis juguetes y algún niño de mi edad al que le daba unos cuantos besitos y éramos felices, simplemente así, y cuando ya me aburría de él, pues sencillamente se me olvidaba y ya, nada de traumatismos ni dolores profundos en el corazón. Esa época donde la vida era tan dulce, y la felicidad se parecía mucho a un parque de diversiones, donde con la facilidad que te subías en un juego, te bajabas del otro, pero siempre feliz, con algunos sustos y miedos normales, pero era lo máximo.

Ahora, cuando estoy grande, estoy montada en una montaña rusa de sentimientos, de situaciones. Lo que hoy me hace feliz, mañana no tanto. Lo que hoy me hace reír, mañana me hará llorar a moco tendido. Lo que hoy es tan fácil, mañana se vuelve tan difícil. Lo que puedo tener hoy, mañana lo pierdo con facilidad.

Definitivamente, yo no quiero ser grande. Pero así es la vida, y aunque no quiera, toca asumirlo, aunque muy dentro de mí, siempre estará presente esa niña que soy. Y es que hay cosas que irremediablemente, siempre será mejor mantener de esa época de niños. Por eso yo no dejaré NUNCA que muera la niña que hay en mí, ¿y tú?

votar

miércoles, 23 de junio de 2010

Retro - Inspección


Hoy fue uno de esos días extraños pero tan bonitos al mismo tiempo. Últimamente, la vida no ha sido muy amable con esta servidora, muchos golpes tras otros, desilusiones, lágrimas, rabias, pequeños rencores, días de entero amargue, la soledad mi fiel compañera y sinceramente, con muy poquitas ganas de seguir adelante. Y cuando uno está sumido en ese negativismo absurdo provocado por las circunstancias, pues claro, todo le sale mal, y en estos días que tanto he oído del Sr. Murphy, pues ese man parece que yo le gustara demasiado, que día a día no deja de sorprenderme con esos detalles tan especiales, sí, esos mismos que te dañan el momento, y en mi caso, el día completo.

Pero bueno, les contaba que hoy fue un día diferente. Tal vez porque he empezado a asumir una mejor actitud frente a la vida, porque he empezado a creer mucho más en mí y en todas las cosas que puedo lograr, porque estoy tratando de rodearme de gente que me haga sentir que todo esto vale la pena.

Hoy me di cuenta, o mejor, recordé el valor que tienen los pequeños detalles. Tan simple como una llamada de alguien que no esperabas y que si esperabas, recordándote lo importante que eres para esa persona así no te lo diga todos los días, no te pueda dar un beso, un abrazo, una caricia…
Y lo mejor, que llega justo en un momento de esos en que estás a punto de entrar en crisis porque algo no salió bien y como caída del cielo, ahí está, poniendo en tu cara una de esas sonrisas delatadoras que no eres capaz de ocultar durante el resto del día.

Luego, me seguí regocijando de esos pequeños placeres. Así que compré un cheesecake de frutas en Juan Valdez, caminé a Café del Mar (Baluarte de Santo Domingo – Cartagena) y me encontré con mi otro amor: el mar de mi ciudad. Mientras la brisa jugaba con mi cabello, el sol me acariciaba y se encontraba con “esos ojos cafés que iluminados por el sol parecen un tarro de miel” (alguien me lo dijo), sonaba el chillout delicioso en el sitio, me dediqué a ver el mar, mi mar, y a saborear cada pedacito del postre que con tantas ansías había comprado. Y sentía que con cada pedazo de dulce, así mismo, mi vida iba recobrando esa alegría y ese azúcar que había perdido, que tenía mucho tiempo no sentir.

Mientras me deleitaba en un ambiente envidiable, y miraba a los turistas enamorarse de la ciudad, tomándose fotos a diestra y siniestra, y claro, me tocó ser fotógrafa en más de una ocasión, pero es algo que disfruto sobremanera, porque precisamente me encanta congelar la sonrisa de las personas y que ojalá nunca se les borrara, iba pensando tantas cosas. Recordé incluso momentos muy felices con personas del pasado a quiénes les fascinaba este sitio en especial, así que buenos recuerdos siempre vendrán de vuelta. Analicé las cosas que últimamente me han sucedido, miré lo mucho que he cambiado y me extrañé; extrañé profundamente a esa Erika extrovertida, amiguera, farándulera, súper social, que era; extrañé a esa chica que siempre tenía una sonrisa en el rostro a pesar de los problemas, a la mujer que no se daba por vencida, ni aún vencida, que se preocupaba por mantenerse bonita, bien arreglada, siempre a la última moda, la que llegaba a cualquier lugar y causaba sensación por su personalidad “arrolladora”, a la conversadora, a la chica chévere de la que todos querían ser amigos.

Y me extrañé tanto, porque aunque poseo todavía algo de eso que fui, lo cierto es que la vida y todos los golpes recibidos me han hecho otra persona. He mejorado muchos aspectos, pero también siento que he perdido cualidades que tenía y que me hacían resaltar del resto.

Y seguí pensando, en mis amistades, en las que han llegado, en las que se han ido, las que me gustaría mantener y las que definitivamente, necesito apartar.

También pensé en mi salud, que se ha visto deteriorada en los últimos años, y precisamente, pienso que eso también me ha hecho perder ese brillo que tenía, cual estrellita que está a punto de apagarse.

Pero saben, también me siento muy orgullosa de lo que soy y he logrado, a pesar de las adversidades. De lo mucho que he madurado y he aprendido en estos años. Que hay mucha gente que quisiera tener las oportunidades que yo he tenido, disfrutar de mis momentos, de mis triunfos, alegrías, logros laborales y personales. Que gracias a Dios, he podido demostrarme y demostrarle a muchas personas de todo lo capaz que soy, y aunque muchas veces, me sienta como carro que le falta gasolina, sigo luchando, quizás lento, pero seguro.

Y para mirar el corazón también hubo tiempo. Pero digamos que no me quise detener mucho en él, por lo general, mis sentimientos son tan egoístas que se toman la mayor parte, a cualquier hora del día. Solo sé que se extrañan muchas cosas y muchas personas. Pero ya, suficiente. Cambiemos la página.

Terminada la “terapia”, pude apreciar el hermoso atardecer, ver como el sol se unía con el mar. Es uno de esos momentos que me embrujan, que me transportan, no sé adónde, pero en esos momentos no estoy ahí, es algo inexplicable. Y siempre me repito “me gustaría tanto poder compartirlo con…algún día, algún día…”. Porque si, para mí un atardecer es un momento digno de compartir y más con una persona especial.

De vuelta a la realidad, al caos de la ciudad, del Centro y sus calles, yo me sentía feliz. Feliz por todas las cosas que me sucedieron hoy, por todas las bendiciones que siento Dios ha derramado en mi vida y que muchas veces no valoro lo suficiente.

Hecha la retro-inspección puedo decir: De ahora en adelante vendrán muchas cosas buenas para mí. Yo sé que sí.

votar

miércoles, 9 de junio de 2010

Pensamiento al aire...

"Duele darse cuenta que no sé ni qué es lo que quiero cuando yo estaba segura que sí".

Erika Paola Brú Vélez.

votar

lunes, 7 de junio de 2010

El listón de tu pelo

Me muerdo los labios al no poderte besar
mi piel se estremece al no poderte tocar
hoy por fin esta noche estarás junto a mi.

Olvida la vanidad , el orgullo déjalo afuera
que esta noche sensual y bohemia
es por la ansiedad de que estés junto a mi.

Olvida la vanidad y el orgullo déjalo afuera
y tus labios se entreabrieron
para decirme deseo y te quiero.

Suelta el listón de mi pelo
desvanece el vestido
sobre mi cuerpo
y acércate a mi.

Beberás el perfume de mi piel
deslizando una rosa
sobre mi cuerpo
provocando amor.

Apagaré la luz
no puedo esperar mas
aprenderé de ti
hasta el final.

Provocame mis labios
hazme tuya
estoy impaciente de ti
de tu sensualidad que siempre callé.

Suelta el listón de mi pelo
desvanece el vestido
sobre mi cuerpo
y acércate a mi.

Beberás el perfume de mi piel
deslizando una rosa
sobre mi cuerpo
provocando amor.
aha ah ah...

Suelta el listón de mi pelo
desvanece el vestido
sobre mi cuerpo
y acércate a mi.

Beberás el perfume de mi piel
deslizando una rosa
sobre mi cuerpo
provocando amor.

El listón de tu pelo.
El perfume de tu piel.
Una rosa en tu cuerpo.
uhu uh uh.


votar