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Mostrando entradas de octubre, 2010

Llegan y se quedan...

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Sucede que cuando menos lo esperas, llegan. Algunos llegan pisando tan fuerte que logran desestabilizarte, ponen a temblar tu mundo, a sentir maripositas o yo que sé en el estómago, y de repente no los puedes sacar de tu mente. Llegan y se apoderan de tus pensamientos, de tus sensaciones, de los recuerdos, de lo que quieres, de lo que deseas, de tus momentos e incluso hasta de tus sueños, tus horas de dormir ya no te pertenecen…También se apoderan de tu apetito, de tu estado de ánimo, de tus alegrías, de tus tristezas, de tus ganas…eso…de tus ganas…Te preguntas en qué momento pasó y no encuentras la respuesta, retrocedes en el tiempo buscando una explicación que no encontrarás, sencillo, no preguntes, simplemente pasó y ya…Llegan y aunque algunas veces quisieras que sólo estuvieran de paso, parece que en lugar de arriendo, compran un lote de tu corazón y se instalan para siempre, porque aunque pasen los tiempos y las adversidades, allí permanecen…Y tú que pensabas que podías controlar…

¡De las amigas posesivas me río YO!

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Hablar con mis amigas es una de las actividades que más me gusta, pues siempre salen a colación unos temas, sobre algún caso específico que le está sucediendo a alguna y que ella considera necesario (bueno, tanto como necesario no, pero si digamos que “chévere”) conocer la opinión del resto sobre determinado asunto.Pues resulta que en una de esas conferencias por MSN hoy el tema que surgió fue el de las “amigas posesivas”. Entiéndase en esta ocasión, el término de “amiga posesiva”, como aquella amiga incondicional de un hombre, que es capaz de entregar vida y alma por él y que puede convertirse en tu peor enemiga si no eres de su agrado. ¿A qué voy? Mejor, se los ilustro.Mary* conoció a Felipe* a través de un amigo y desde el primer momento hubo una conexión excelente entre los dos, la atracción fue tan fuerte que en pocos días se hicieron muy amigos y empezaron a salir juntos MUY a menudo para conocerse mejor y compartir momentos y experiencias. Cierto día, Mary decidió caerle de sor…