viernes, 26 de marzo de 2010

Directo a Londres...


Nota: Este post es muy personal, demasiado personal y lo publico porque la persona a la que me refiero es muy especial para mí y sé que le gustará leerlo. Más vale tarde que nunca.

Ayer me acordé de él.

Me acordé de cuando éramos pequeños y asistíamos al mismo Jardín Infantil, aunque el vago recuerdo de eso, es la cara de un niño inocente jugando con otros a ser súper héroes.

Después de algunos años de no vernos, nuevamente como a los 9 años lo volvimos a hacer.
Compartíamos el mismo grupo de amigos, jugábamos juntos ladrones y policías, al escondido, al fusilao, y toda esa cantidad de juegos que hasta nos inventábamos con tal de pasarla bien. No éramos los mejores amigos del mundo, pero por lo menos compartíamos en un mismo ambiente.

Recuerdo cuándo en las mañanas comenzamos a hacernos burlas desde nuestras rutas del colegio que llegaban casi a la par, algunas veces primero la de él, algunas veces primero la mía, pero siempre terminaban encontrándose y desde las ventanas nos saludábamos y nos moríamos de la risa, para nosotros era divertido.

Y así empezó a consolidarse la más bonita de las amistades. Ya no sólo éramos compañeros de juegos, sino que empezamos a compartir secretos, yo le hacía el dos con aquella niña que a él le encantaba, esa que no le quiso prestar atención, al menos no cuando él quiso.

Y resultó que a mí me empezó a interesar más de la cuenta. Muchas veces no veía la hora de verlo para poder hablar, compartir con él, tenerlo cerquita. En nuestro grupo de amiguitos cada quién tenía su “amorcito” de adolescente, y parecía que él se iba a convertir en el mío. Pero preferí seguir siendo amiga, la confidente, la que lo escuchaba, ayudaba, aconsejaba. Lo quería, sí, pero me acostumbré a hacerlo en silencio, a no expresarle mis sentimientos, a no decirle que me daban celos cuando me hablaba de tal y tal niña, en realidad, no me quería tirar la amistad tan bonita que se había cultivado.

Pero entre mis amigas no pude esconderlo. Ellas sí sabían que me moría por él. Pero también fueron cómplices de mi silencio. Lo que si era cierto, era que él no se moría por mí.

Por cosas de la vida, porque hay cosas que simplemente se dan, él fue el responsable de mi primer beso. Y no daré detalles al respecto simplemente diré, que lo recuerdo con cariño y en su momento para mí fue lo mejor que pudo pasarme.

Seguimos creciendo juntos, compartiendo alegrías, tristezas, sin duda estuvimos presentes en todos los momentos de nuestra adolescencia, las mini rumbas con los amigos, las idas a playa, las aventuras en la ciudad de hierro, las noches de la fuente con el súper bonche hablando de temas variados, variadísisisimos diría yo, las peleas que no faltaban, porque sí, entre otras cosas, le encantaba (bueno, le encanta) llevarme la contraria, las salidas con mis amigas del cole, mejor dicho, era imposible pensar que faltaría en algún plan. Nos volvimos casi que inseparables.

Hasta recuerdo que me explicaba física (porque en su colegio la daban un año antes que el mío), el presta que presta del libro de química (no puedo aguantar la risa con este cuento, que en realidad se convirtió en una excusa) y sí, hacíamos tareas juntos aunque no estudiáramos en el mismo colegio.

También recordé, que era el chico que volvía loca a la mayoría de las niñas. Muchas de las niñas que andaban conmigo morían por él y yo callada, acolitaba sus locuras, se le declaraban, le dedicaban canciones, lo llenaban de detalles, pero como yo sólo era la buena amiga, sin ninguna aparente otra intención, no decía nada y me reía, celebraba y “disfrutaba” de todo el show, aunque por dentro los sentimientos fueran otros.

Y llegó el tiempo en que ya no nos vimos como simples amigos, pero tampoco nos vimos como novios. Y así funcionaban las cosas, y lo confieso, era feliz, aunque hubo momentos no tan dulces también.

Y recordé cosas que de pronto sería mejor olvidar. De hecho, prefiero no mencionarlas, solo les puedo decir que dolieron mucho, el corazón se rompió, me sentí “traicionada” (no tanto por él) pero que con el tiempo, todo se superó, las heridas cicatrizaron y actualmente, podría decir, que justo en ese momento supe lo que era una decepción amorosa.

Y en los años venideros, la distancia fue nuestra mejor amiga y enemiga, a pesar de no vernos sino solo 2 o 3 meses al año (en vacaciones), y después de haber superado inconvenientes, la amistad ha permanecido intacta. Él sigue siendo una de esas personas con las que puedo hablar y hablar sin aburrirme (porque tiene unas ocurrencias jajajaja), compartimos afinidades, rajamos de la gente, hablamos la verdad de temas muy variados y pasamos de uno a otro con una facilidad envidiable.

Por más que peleemos, nos tiremos puyas, por más antipático que suela ser (recuerdo que algunos (as) me decían: uy, no sé tú cómo te lo aguantas jajaja), por más diferencias que tengamos en ciertos momentos, lo cierto es que él no puede vivir sin mí, ni yo sin él (que convencida), porque justo lo hemos comprobado en momentos donde por causa de terceros, nuestra amistad se ha visto amenazada y afectada, esos momentos que tanto me dolieron y cuando creía que hasta ahí había llegado todo.

Y me acordé de él, porque hace un año (y un poquito más) está por el Reino Unido, creciendo profesionalmente y como persona, enfrentando una vida totalmente diferente a la nuestra en Colombia, retándose a sí mismo, demostrándose que es capaz de llegar más allá de dónde él se lo proponga, viviendo una experiencia que sin duda lo convertirá en una mejor persona. Y yo, desde la distancia, me siento muy orgullosa de él y de todas las cosas que ha alcanzado, soy feliz con su felicidad y celebro cada uno de sus logros.

No sé por qué será, nostalgia que llamarán algunos, lo cierto es que sí, pa’ qué, pero se le extraña un montón por acá, pero sé que muy pronto, por fin, podré darle un inmenso abrazo y decirle: “BIENVENIDO A CASA NUEVAMENTE”. Y sí, oye tú, TE QUIERO MUCHOTE.

miércoles, 24 de marzo de 2010

O somos...o mejor no somos nada

Hablaba ayer con una amiga que me contaba emocionada que tenía un nuevo “amigo especial”, con el que estaba saliendo hace unas semanas y que bueno, la estaba pasando delicioso con el tipo. Ella me contaba que inicialmente se están conociendo y después “ella cree” “si resultan las cosas” podrían formalizar la relación. La noté bastante, pero bastante, emocionada con la situación que me alcancé a preocupar, de verdad.

Y mi preocupación vino precisamente, porque por lo general en este tipo de relaciones informales, siempre hay una parte que termina lastimada, una parte que termina involucrándose más de la cuenta, que logra visionar un futuro inexistente. ¿Experiencia propia? Muy seguramente, pero a ver no nos digamos mentiras, siempre suele suceder, es una condición humana natural, meterle el corazón a ciertas cosas, y más nosotras las mujeres, que solemos ser más sentimentales que racionales.

Amigos especiales, es esa relación informal, que dos personas inician (aunque en realidad las cosas simplemente se dan) y comparten, viven, disfrutan, todo aquello que vive una pareja, pero con un énfasis muy especial en la parte sexual: cuando nos vemos, tenemos sexo, compartimos unos cuantos besitos, unos abrazos y adiós. En la calle y para el resto de la gente solo somos buenos amigos, pero por debajo de cuerda, tenemos algo y no tenemos nada.

Sinceramente, para mí ese cuentico de “amigos especiales” es algo de adolescentes, aunque hay gente que se pasa la vida de “amigos especiales” en “amigos especiales”. Si bien es cierto, que durante un momento de la soltería, los amigos especiales pueden ser ese pañito de agua para que la soledad no golpee tan fuerte, la inestabilidad que genera esta tendencia es bastante complicada.

Para los hombres, es lo más rico del mundo, es el tipo de relación perfecta. Tener a una mujer con la que se acuestan ocasionalmente, sin compromiso, sin rollos, sin celos, sin reclamos, y seguir con su vida de solteros como si nada. Para algunas mujeres, puede que también sea ese tipo de relación, sin mayores complicaciones. Pero para la gran mayoría (y lo digo por casos cercanos de amigas y conocidas) ser “amigos especiales” es una etapa de conocimiento en la pareja, pensando siempre en una futura formalización de la relación. “Primero somos amigos especiales, nos conocemos, y si funcionan las cosas, más adelante podemos ser novios formales”, así funciona el cuento en la mente de las mujeres, desafortunadamente para nosotras, pero así es.

Y resulta que la vieja empieza a ponerse celosa porque el sujeto sale con otras mujeres aparte de ella (en esas relaciones de amigos especiales, este tipo de celos no está permitido) y es que bueno, los celos son una vaina jodida y por más que uno los intente controlar, siempre salen a flote. Y empiezan los reclamos (pero qué reclamas, si no tenemos “nada”) y la relación empieza a tornarse oscura. Ya el hombre, se siente presionado, siente que está perdiendo libertad, que no es eso lo que él quiere, a lo que está acostumbrado, y es cuando, decide dar por terminada “esa relación”.

Y ahí la tenemos a ella. Amargada, triste, dolida, desilusionada “porque las cosas no salieron como ella esperaba”. Pero mi niña, si tú sabías que no tenías nada asegurado con ese hombre, estabas simplemente viviendo “momentos” con él, tenías que dedicarte a disfrutar sin esperar nada a cambio, la mente de los hombres no funciona igual a la de nosotras, ellos sí viven el momento y ya, viven el presente sin imaginar un futuro. Tantas veces hemos escuchado esto de amigas, amigos, conocidas, lo hemos leído en libros, escritos, etc. Pero no, por brutas o yo que sé, siempre terminamos repitiendo la misma triste historia, y de esta forma continuarán rompiéndose muchos corazones al tiempo, porque como dicen por ahí “a punta de trancazos, es que se aprende en la vida”, y parece que a nosotras nos gusta que nos den muchas tazas del mismo caldo.

Con esto, no quiero decir que tenga algo en contra de los “amigos especiales”, al contrario, ¡que vivan los amigos especiales! Siempre y cuando las cosas se dejen claras desde el principio y no se juegue con una doble moral, a qué me refiero con esto, señor, señorito, caballero, hombre en general, si usted tiene o quiere tener una “amiguita especial” por favor:

- Deje las cosas claras desde el principio. Por más duro que pueda sonar (pero a las mujeres hay que hablarles así para que entiendan) usted debe decirle a su amiguita cuáles son sus intenciones, en definitiva ponga las cartas sobre la mesa: solo somos amigos pero cuando nos veamos de vez en cuando tendremos sexo, unos cuantos besos y abrazos, una que otra rumbeada y ya. Nada de formalismos, ni de presentar en la casa, ni a los amigos, ni fotos juntos, ni nada. Así ya la chica sabe a qué está expuesta y cómo debe actuar, y lo más importante, a tratar de no meterle corazón a la vaina.

- Ahórrese los detalles. Si bien usted va a ser un caballero con la niña, porque tampoco la va a tratar como un objeto y ya, por favor, por lo que más quiera no la llame al celular y hable con ella por mucho tiempo, no le mande mensajes de textos bajándole la luna y con esas palabras bonitas levanta suspiros, no le dedique canciones, no le deje mensajes en su facebook, twitter o cualquier otra red social, en resumen, no le cree falsas ilusiones a la sujeta. ¿Por qué? Porque como les he dicho, las mujeres somos bobas, y esos “detallitos” por muy sencillos e insignificantes que parezcan, a nosotras nos suelen montar en la nube voladora, y es ahí donde se empiezan a confundir las cosas, y ya la chica empieza a pensar en “ayyy el me quiere de verdad, esto tiene futuro, mira que tiene todos esos detalles conmigo, me hace sentir muy especial…” y es cuando viene el mamita mía, el “empelicule” que llaman, y que ya sabemos, por lo general, termina con la estrellada de la susodicha. Mejor dicho amigo hombre, muchas veces ustedes con sus acciones mandan las señales equivocadas, luego no se quejen cuando se les arma la de Troya.

Yo creo que si los hombres siguieran esos consejos, ya las mujeres estaríamos más educadas para asumir una relación de ese tipo. Pero no, hay muchos que no pueden hacer eso porque aducen “tener su corazoncito” y no serían capaces de destaparse de tal forma ante la niña. Yo creo que sería mejor, recibir el golpe de entrada y no de salida.

Y bueno, larga vida para los “amigos especiales”, para aquellos y aquellas que lo disfrutan como es debido, que no se complican la vida con formalismos y esas cosas, que disfrutan el presente como lo único que tienen. Habrá quienes de pronto nos arriesguemos una vez más a tratar de tener un “amigo especial” y ya, y otros que simplemente repetirán “o somos, o mejor no somos nada”.

P.D.: Éxitos a mi amiga (ella sabe quién es) con su “amigo especial”. Y que gracias por inspirarme a escribir este post. Espero que le sirva de algo. ;)

martes, 23 de marzo de 2010

Hombres: ¡Un mal necesario!


Naty me ha pedido que escriba un post sobre “Guerra de géneros” para celebrar el aniversario de su maravilloso blog, del cual confieso soy fiel seguidora y asidua lectora. Y bueno, esta podría ser la ocasión perfecta pa’ desquitarme de esos seres de la creación llamados “hombres” que de alguna u otra forma, han estado presentes en mi vida y la han marcado de uno u otro modo, algunas veces de una manera no tan agradable.

Y se me vino hasta la mente, aquel programa que solía ver en mis ratos de ocio cuando más jovencita, por Venevisión “La guerra de los sexos”, donde hombres y mujeres competían en diferentes pruebas para acumular puntos y así ganar una batalla que nunca tendrá final, por lo menos en la vida real.

Pero bueno, volviendo al tema, hoy podría desquitarme de verdad, reviviendo dolores y rencores, diciendo y repitiendo lo que es bien sabido por todas las mujeres (y hasta por ellos mismos): que son unos perros sinvergüenzas, que tienen la facilidad de hacer creer a 1, 2, 3, 4, 5…mujeres al tiempo, que las quieren con locura, que son lo único que aman sobre la tierra, que son la excepción de la regla en cuestiones de fidelidad (sí, como no), que no les importa jugar con los sentimientos de una mujer y después dejarla botada como si nada, que ellos por lo general, no saben que es hacer el amor, simplemente se dedican a tener sexo; que huyen constantemente de la palabra “compromiso” y de lo que eso implique, que lo mejor es salir de parranda con los amigos y no tener que dar explicaciones a nadie, que fútbol mata a novia, que hay muchos que no son responsables de sus actos y se la pasan súper poblando el planeta, etc., etc., etc…

Y podría seguir y seguir y seguir, y ellos en su afán de desquitarse podrían decir todo eso de las mujeres complicadas, que nadie las entiende, que son unas lloronas, que intensas, que locas, que se montan en las nubes fácilmente, que sólo están buscando al príncipe azul para casarse, que son unas tontas que creen en cuentos de hadas, que se gastan la plata de ellas y de la de los novios (maridos) en ropa, accesorios y demás “pendejadas”, que son unas trastes para ciertas actividades como por ejemplo, manejar un carro, que la mujer es la que debe responder por los oficios de la casa, que se dejan llevar por las amigas, que se inventan películas mejores que las de Spielberg, que los celan hasta con la prima, en fin…como diría Carlitos Vives “ay las mujeres, las mujeres, las mujeres, hombe que vaina las mujeres”…

Pero sinceramente, sería desgastante seguir ese tú a tú, ese ellos y ellas, ese ustedes y nosotros, para al final siempre llegar a la conclusión que bien no supo explicar la ex Srta. Antioquia: la mujer es el complemento del hombre y “en sentido contrario”… Pues sí señores, por más que nosotras nos mortifiquemos, lloremos, pataleemos, echemos madrazos, nos hagamos las dignas, las independientes, las que no necesitamos de los machos, mejor dicho, las autosuficientes, lo cierto es que en el fondo, sí se necesitan. OJO, y con esto no quiero decir, que sean del TODO NECESARIOS, ya que casos hay por montones de mujeres luchadoras que SOLAS sin la ayuda de ningún hombre, han logrado salir adelante con su familia, con sus trabajos, con sus dolores, con sus sueños e ilusiones. Mujeres que nos han dado ejemplo al resto, que si bien ustedes (hombres) son importantes y de mucha ayuda para lograr de una manera más fácil y llevadera las cosas, no son INDISPENSABLES en caso tal, por las circunstancias de la vida, no puedan seguir compartiendo al lado de nosotras.

Hay que saber reconocer que simplemente somos criaturas diferentes, con características distintas que cada género, cada sexo, logra desarrollar de una manera mejor que el otro, y que de una forma muy bella y sabia, la naturaleza ha destinado para que seamos complementados los unos por los otros. Sí bien es cierto, que los hombres pueden lograr realizar cosas de la misma manera que las mujeres y viceversa, somos un complemento necesario. No me imagino el mundo sólo habitados por mujeres la verdad. Para mí sería supremamente aburrido, pues haría falta ese toque masculino característico que hace que nuestros días sean mejores. Muchas mujeres pueden pensar que tengo una posición machista, y bueno, he sido criada en un hogar donde el hombre tiene su lugar privilegiado, pero la mujer también lo tiene, y goza del mismo respeto y autoridad que él.

Y es por mi hogar, que precisamente he admirado tanto que ese complemento entre mujer y hombre es tan necesario, que simplemente no trato de asumir una posición de resistencia contra los hombres, no tiendo a ser la súper feminista que se vive enfrentando a los hombres a toda hora y en cada momento (solamente cuando lo hacemos por diversión y cuando asumimos el rol de “solidarias” por el género), porque para mí, por bueno o por malo, ustedes mis queridos hombres son un MAL NECECESARIO…!!!!

P.D.: Este video refleja mucho lo que en mis humildes palabras traté de decirles. ;)

Lo que no fue...



Nota: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Sara se levanta, busca en el suelo en medio de la oscuridad su bolso, saca un cigarrillo y lo enciende. No le importa que el sujeto que tiene al lado odie a las mujeres que fumen, a la final ya que caso tiene. Acomoda las almohadas para quedar semi levantada en la cama, y lo observa a él, con sus ojos cerrados, intenta imaginar que se adentra en su mente y puede ver cada uno de sus pensamientos hasta los más mínimos, sin encontrar uno solo que sea de su total agrado.

Una lágrima recorre su mejilla, procede a quitarla de inmediato, recuerda aquella canción que dice “big girls don’t cry, don’t cry” y mira hacia la ventana, pero prefiere quedarse acostada sintiendo el calor de ese cuerpo que tiene al lado, y que ya no le pertenece, sonríe con cinismo y se dice a sí misma: - De hecho, nunca me ha pertenecido.

Mientras se fuma despacio ese cigarrillo (hace 4 meses que los había dejado porque a Ricardo no le gustan las mujeres que fuman, pero siempre mantenía una caja en el bolso por si acaso), repasa todo lo sucedido hace unas horas. Mira el celular, son las 2: 25 a.m. pero la verdad no tiene sueño, sus ojos no se quieren cerrar, no pueden. Decide acomodarse la sábana, tener un poco del pudor perdido con ese hombre. Sus tetas estaban al aire, erizadas, aún puede sentir que se moja cuando recuerda cómo la tocaba.

- No puedo seguir pensando en esto por Dios. Debo pensar en recoger mis cosas y salir sin que él se dé cuenta, pero todavía no es hora.

Siente en sus labios y garganta el mentol del cigarrillo, esa sensación que tanto extrañaba. Y sigue elevada, pensando.

Habían llegado de una fiesta con los amigos de Ricardo. Ella procedió a desnudarse, colocarse su pijama, recogerse el cabello, cepillar sus dientes, mientras él se dirigió a la cocina y se sirvió un vaso de agua que tomó tan deprisa como pudo. A ella se le hizo muy raro que en lugar de venir a quitarle la ropa (como siempre solía hacer), él, entre inquieto y desesperado, corrió a la cocina. Pero trató de no armarse películas y actuó normal como si nada. Mientras ella seguía en el baño, el caminaba de un lado a otro en la cocina, mirando al techo, con las manos en la cabeza, como buscando inspiración para enfrentar un momento difícil en su vida.

Llegó al baño y la miró con sólo esa mirada que él tenía. Ella lo miró a través del espejo, le sonrió, le guiñó el ojo y le manda un beso. Él trató de sonreír normal pero no pudo. Llegó, la abrazó por la espalda y le estampó un beso en la cabeza.

- ¿Qué tienes mi amor?, pregunta Sara. Te noto como acelerado, impaciente.
- Ehhhh… - vaciló en decir. Mejor vámonos a la cama y allá hablamos rico, ¿te parece?
- Ella asintió con la cabeza pero ya su corazón se había acelerado.

El se quitó toda la ropa y quedó en bóxers. Ella se acostó a su lado y lo abrazó fuertemente.

Ricardo colocó sus manos en la cara, y le pidió a Sara que se sentara frente a él. Al ver sus ojos, quiso callar, quiso olvidar lo que iba a decir. Sara es de esas chicas con rostro angelical, una mirada muy dulce, que prácticamente, es imposible pensar en hacerle daño. La había conocido en una fiesta de René, su mejor amigo, y después de conversas en varias ocasiones, ambos se dieron cuenta que la atracción era muy fuerte, y decidieron empezar a salir “sin ningún compromiso”, al menos en la mente de Ricardo, así funcionaban las cosas.

Sara tenía esa facilidad de hacerlo enmudecer. Era una chica muy especial, con la que durante 4 meses había sentido tener el cielo en sus manos. Una chica adorable, una amante insaciable, con esa sonrisa que le hacía olvidar los problemas de su vida de Gerente de una multinacional, con la que había compartido muchos secretos, porque tenía esa facilidad para escuchar y aconsejar sabiamente, una bailadora incansable, una administradora de empresas con una gran carrera profesional, una mujer hermosa en todo el sentido de la palabra, de esas que con su belleza hace enloquecer a cualquier hombre, la mujer con la que él se sintió tan afortunado de poderla tener en sus brazos, de poder sentirla como suya, pero que justo en ese momento sentía que le rompería el corazón, que a la final no la merecía tanto como él pensó más de una vez.

- A ver, ¿qué me quiere decir el señorito ah? Dice Sara, en ese tono medio infantil con el que solía hablar la mayoría de las veces (otra de las cosas que le encantaban a Ricardo), le toma el rostro y le da un beso en la boca.

Ricardo solo se dedica a mirarla. Para sus adentros, Sara estaba imaginando “¿será que ya quiere que formalicemos las cosas?”, “pues yo pienso que cuatro meses son suficientes para habernos conocido, eso es, Ricky quiere pedirme que sea su novia formal, pero por qué eligió este momento ah, bueno, no importa, voy a disimular, yo no sé nada”.

Sara es de esas niñas que aún creen en los cuentos de hada. Al ser hija única, ha crecido como la princesa de la familia, donde ha recibido las mejores atenciones, la mejor educación, si dice A ahí tiene A, se graduó del colegio y de la universidad con honores, nunca ha dado dolores de cabeza a sus padres, sólo ha tenido un (1) sólo novio en todos sus 25 años, vive rodeada de un séquito de amigas que piensan igual que ella y que gritan emocionadas cada vez que se ven las caras, sueña con casarse antes de los 30, con una boda súper pomposa, vestida de blanco, le encanta la rumba, es vanidosa y bastante coqueta, tiene ese componente entre niña buena y pícara que enloquece, incluso sus amigos más cercanos la apodan “Lolita”, si bien sólo ha tenido un (1) novio formal, puede hacer una lista más o menos de veinte (20) amantes, de los cuales Sara como siempre, termina decepcionada y aburrida, y continua entregándose sin condición buscando entre algunos de esos, al hombre que finalmente decida hacerla su novia formal e incluso pedirle matrimonio.

Y ella estaba viendo en Ricardo a ese hombre. La enloquecía su picardía, su sencillez, su espontaneidad, su inteligencia para asumir los problemas, los detalles que tenía para con ella, lo bien parecido que era (y que provocaban en ella unos celos absurdos cuando salía y las demás chicas no podían evitar coquetearle a tan hermoso hombre), lo simpático que era hablando, podían durar horas y horas hablando pendejadas y ninguno de los dos se aburrían, lo excelente amante que es, de hecho siempre que llegaba a su casa y recordaba esos momentos tan placenteros que había tenido con él, podía tener un orgasmo nuevamente, sin tocarse un solo poro del cuerpo. También le gustaba lo buen hijo que era, adoraba a sus padres por sobre todas las cosas, que le encantan los niños (“podría ser un buen padre para mis hijos”), que era súper exitoso en su vida profesional, era el favorito de sus amigos, bailaba delicioso y esos movimientos la enloquecían, impecablemente vestido y olía delicioso, incluso cuando sudaban mientras hacían el amor.

Definitivamente, Sara pensaba que había encontrado al amor de su vida, el hombre con el que definitivamente, se veía en el altar.

Ricardo, suspira. Parece tomar aire para pronunciar las palabras que él no quería decir.
- Sara, te tengo que dar una noticia que no va a ser muy agradable para ti, como tampoco lo es para mí.

Sara traga saliva. Ricardo aún no ha dicho nada y ya tiene los ojos encharcados.

- Hoy, me informaron en la Compañía que me trasladarán Miami, para que asuma el mando de una nueva sucursal que instalarán allá. Debo viajar el lunes (era sábado) a primera hora.

Sara trata de asumir esa postura de mujer comprensiva que siempre la había caracterizado y esconde el profundo dolor que esa noticia le estaba causando. Lo abraza y le dice “aparentemente emocionada”:

- ¡Wow mi amor, no sabes cuánto me alegra esa noticia! Esta es tu oportunidad para seguir creciendo laboralmente y me parece magnífico que compartas este momento conmigo.

Ricardo la mira con cara de asombrado. O Sara se estaba haciendo la boba o en realidad no había entendido lo que eso implicaba.

- Muchas gracias linda. Pero, sabes que por mi partida no podremos seguir con esta relación, no tendría sentido seguir “esto” de lejos. Sabes que soy de los que pienso que “amor de lejos, felices los 4, los 5, los 6…”. La toma por las manos y le dice: Sara, lo siento, no puedo ofrecerte garantías de nada.

Por la cabeza de Sara pasaban muchas cosas. Sentía que en ese momento el corazón se le hacía pedacitos. Pero no, no lloraría, no delante de él, era muy orgullosa también. “Nunca le demuestres debilidad a un hombre” solían decirle sus cómplices amigas.

Sara lo miraba, sin quererlo mirar.

- Pues claro, entiendo Ricky. Tienes toda la razón. Y bueno, acepto la decisión que estás tomando. Es lo más sano para los dos, en realidad.

Y sonrió de la manera más falsa que puede sonreír una mujer. En el fondo se preguntaba tantas cosas que quería preguntarle a él pero no se atrevía. No tendría caso hacerlo. ¿Por qué no me lleva? El podría instalarse allá y luego yo podría irme. Pensaba una y otra vez.

Dicho esto, Ricardo sintió que se quitaba un peso de encima. Abrazó a Sara y empezó a besarla con locura, como siempre solía hacerlo. Sara se dejaba besar pero su mente no estaba en esa habitación, nunca esos besos habían carecido tanto de sentido y emoción como los de ese preciso momento.

Ricardo se apresuró a quitarle la pijama, e inició el acostumbrado ritual, de besar cada parte de su cuerpo. Sara sólo pensaba en que le tocaría fingir, no estaba sintiendo nada. En cada beso, sentía que la piel se le quemaba, y el corazón se desgarraba lentamente. Las tetas de Sara eran la locura y Ricardo disfrutaba tanto pegarse a ellas como niño recién nacido. El pensaba que ese tenía que ser la mejor noche para los dos, por aquello de la despedida, así que se esmeraba por hacer que Sara se revolcara de placer en la cama. Le hizo el mejor sexo oral que nunca le había hecho, Sara trató de concentrarse y de disfrutar, así fuera por última vez de los placeres de su amante.

Ricardo estaba muy emocionado, realmente Sara lo excitaba mucho, le despertaba los más recónditos deseos e instintos. La penetró despacio (como sabía que a ella le gustaba) y luego fue acelerando el proceso. Sara cerró los ojos, no quería verlo. Gemía suavemente, gemía sin querer gemir. La tomó como una muñeca y la volteó para penetrarla analmente (sí, Sara era de esas pocas mujeres a las que les fascinaba el sexo anal).

- Ningún culo como el tuyo. Le decía Ricardo, al oído mientras le daba cada vez más duro.

Ella no se atrevía a pronunciar palabra. No tenía mucho que decir. Las palabras se habían ido.

- Te gusta Sarita, ah, te gusta que te dé así de duro.

Sara no respondía. Sólo alcanzó a confesar un tímido sí, cuando Ricardo salvajemente la tomó por el pelo, y le repitió la pregunta al oído.

Ricardo se vino y derramó sobre las nalgas de Sara, el preciado líquido masculino. Le dio un beso en la mejilla, y se derribó sobre su lado de la cama.

Sara se levantó a limpiarse el reguero, volvió a la cama y cuando lo hizo, ya Ricardo estaba dormido, roncando, mirando hacia el otro lado.

Sueños e ilusiones rotas, pensaba.”Nuevamente, Sarita, serás abandonada, como en muchas ocasiones anteriores, por el hombre que creías sería el amor de tu vida”. Hasta cuándo Diosito, hasta cuándo tendré que seguir buscando o esperando a ese tal hombre de mi vida, o será que te olvidaste de mí y no me reservaste uno sólo.

Y ahora, qué le diría a sus amigas, que se peleaban el puesto de madrinas de una boda que ya ella, en su mente de princesa, había planeado. Qué le diría a sus padres, sobre ese supuesto novio que muy pronto les presentaría. Tantos planes que tenía con Ricardo, y ahora no los podrá realizar.

Pensó que a lo mejor, lo asustó con tantos detalles, con tantas palabras bonitas, con tanto formalismo en medio de lo informal. Pensaba tantas cosas. Hasta pensó en la aparición de otra mujer en la vida de su amado. ¿Será que tendrá otra vieja?

Y fumó, una y otra vez. Ricardo no se movía, parecía una roca tendida en la cama. Ella lo miraba con dolor, con ese dolor que se siente no volver a tener a esa persona más a tu lado. El dolor que causan las despedidas repentinas.

4:00 a.m. Sara recogió todas sus cosas suavemente para que el susodicho no se despertara. Se vistió rápidamente, se soltó el cabello y salió del apartamento sigilosamente.

Cuando Ricardo despertó, trató de buscar a Sara con su mano y no la sintió. Abrió los ojos, y sólo alcanzó a ver sobre la mesa de noche una servilleta acompañada de cenizas de cigarrillo que decía: “Fue un placer conocerte. Éxitos en tu nueva vida. Sara”.

Y nunca más volvieron a saber el uno del otro.

lunes, 15 de marzo de 2010

Word behind words...♥♥♥

La canción perfecta en el momento perfecto...!

No sé si muchos se habrán visto esta peli "Trojan War (La guerra por un troyano)", sí esa misma con la hermosa Jennifer Love Hewitt y Will Friedle, donde el chico lucha toda una noche por conseguir un condón para acostarse con la chica de sus sueños y a la final se termina dando cuenta, que en realidad esa chica no merece tantos esfuerzos y tanto amor, como sí lo merece esa otra chica que siempre había estado a su lado, y que el sólo había visto como su "amiga".

Bueno, la canción de esa peli es "The word behind words" de Jeremy Toback y debo confesar que simplemente me encanta. Como cosa rara, yo también he terminado siendo esa "amiga" ignorada, algunas veces con suerte y otras no tanto. La palabra detrás de las palabras, esa que muchas veces nos quedamos esperando y que se pierde en un discurso sin sentido, aquel que preferimos no escuchar. Y duele...mucho.

¡Soy corroncha y qué!



Nota: Léase en tono sarcástico.

“La palabra “corroncho”, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, se refiere a un pez de agua dulce. También a una corteza de un gran árbol. “Cómo nos van a comparar a nosotros con un animal tan feo”, exclama el maestro Villa.” (Tomado de El Espectador.com).

Y lo cierto es que el término “corroncho” ha adquirido una denominación despectiva, para referirse a los nacidos en la Costa Caribe Colombiana. Los corronchos vienen a ser entonces esas personas “ordinarias, toscos, chabacanes, bailadores, locuaces, gritones, ramplones, intratables, escandalosos, parranderos, vulgares, etc.,” como lo dice el Negro Adan en su blog. Gente que disfruta de su cultura, costumbres, idiosincrasia, sin tratar de imitar o de adherirse a otros estilos de vida de países desarrollados y “sofisticados”. Gente que simplemente no trata de ser “cool” para agradar a otros o encajar en determinado grupo social.

Esta contextualización la realizo porque voy a referirme al hecho de ser corroncha. Sí, les cuento que yo, ERIKA PAOLA BRÚ VÉLEZ, me declaro CORRONCHA y de las buenas, y para mí no es ningún pecado, ni ninguna vergüenza admitirlo entonces.

Soy corroncha y qué, porque a diferencia de muchos, no me muero por escuchar, ni por tener el CD, ni empeñar el alma, lo que tengo y lo que no tengo para ir a los conciertos de bandas como Coldplay, Metallica, Kiss, entre otras de esos nombres raros; yo prefiero escuchar mi buen vallenato, me muero por la música de Otto Serge, de Diomedes Díaz, de los Betos y los Zuletas, y soy feliz disfrutando de mi folclor vallenato que no me importa el resto.

Soy corroncha y qué, porque no me interesa ser una rockera, punkera, metallera, wanna be, que se viste y se pinta las uñas, ojos y boca de negro, que tiene piercings hasta donde menos se lo imaginan, que pasa con cara de odiar al mundo, que menosprecia a los que no les gusta ese tipo de música, creerme lo más “cool” de este mundo y que por eso la gente no debería meterse conmigo, no pues, que peligro.

Soy corroncha y qué, porque no me vanaglorio de comer en los mejores restaurantes donde va los más selecto de tal ciudad, los platos más caros, con esos nombres extraños que se los “saben” de memoria (y en realidad ni los pronuncian correctamente) y por eso soy lo más “cool” del mundo. No señor, yo prefiero comer en lugares sencillos, donde la comida sea tradicional y sobre todo, me sienta cómoda con el ambiente que se respira. Es por eso que para mí no hay nada mejor que ir a comer a la playa una buena bandeja costeña ( pescado frito, arroz de coco, patacones, ensalada y agua e’ panela), o disfrutar de una chicharronada con mucha yuca y suero costeño en un ambiente al aire libre, o ponerme los labios brillantes comiendo una exquisita arepa e’ huevo, carimañola, empanadas de maíz, con picantico y chicha en alguna fritanga de la ciudad.

Soy corroncha y qué, porque no me desvela rumbear cada fin de semana en las mejores discotecas de la ciudad (que bien, ya me las conozco todas), pagar el “cover” y tomar el whisky más caro del sitio, sólo para que me tomen fotos y digan que me vieron rumbeando en tal lado. No, yo prefiero un plan casero, donde coloquen la música que a mí me gusta (sí, parranda vallenata) y tomarme mis buenas “frías” (cerveza, y de paso publicidad para mi marca favorita Águila, la de aquí) o mis buenos aguardientes y “oldparrcito” con esos amigos recocheros, habladores de mierda, que te hacen reír con sus chistes, locuras, historias al estilos “Las vainas de mi pueblo” (pa’ los que algún día vieron Telecaribe), esos que hablan duro, que interrumpen las conversaciones para salir con sus “valiosos” aportes, que cantan un vallenato con sentimiento, que bailan sabroso.

Soy corroncha y qué, porque no me parece que soy “cool” porque me fume un porro, o me meta una pepa o alguna de esas sustancias alucinógenas que muchos utilizan como escapatoria temporal de este “mundo cruel” y de sus problemas. No, para mí simplemente hay otras estrategias para elevarme por un rato y escaparme de este mundo, sin necesidad de consumir ninguna de esas sustancias, ni siquiera con el cigarrillo, porque no fumo. Si así se es “cool”, muchas gracias pero prefiero seguir siendo corroncha.

Soy corroncha y qué, porque no me incluyo en ningún grupo de izquierda, ni de oposición, ni nada de eso contra el gobierno actual. Sí, porque resulta que para ser “cool” ahora hay que odiar al gobierno de Uribe y sus secuaces y lanzar madrazos en contra de todos los congresistas y demás gente de Gobierno. Pues no, simplemente puedo no estar de acuerdo con el manejo que le han dado a ciertos aspectos de la realidad nacional, pero no me voy a unir a ese grupito de aletosos y revoltosos que se creen los “puta madre” porque le dicen “paraco” y le mientan la madre al Presidente.

Soy corroncha y qué, porque no me muero por adquirir y sabérmelas todas, en esas últimas tecnologías como Ipad, y todos los productos que sacan las empresas como Apple para contrarrestar a sus directos rivales. La verdad, es que me siento feliz con mis “conocimientos básicos” sobre tecnología, manejo los programas que me interesan, compro los aparatos que necesito y punto. No soy esa “ñoña” que no duerme pensando en que mañana lanzarán la nueva notebook y que haré lo que sea para ser una de las primeras en tenerla y así “chicanear” mi nueva adquisición.

Y bueno, existen muchas razones por las cuales esos que dicen llamarse “cool” me tildarían de corroncha: mi forma de hablar, mi acento, las palabras que utilizo, mi forma de vestir (no soy marquera para nada), la música que me gusta escuchar y bailar, etc. Pero lo cierto, es que yo soy feliz siendo corroncha y eso nada ni nadie lo va a cambiar.

Claro, como toda corroncha, uno tiene sus “momentos de efervescencia”, y vamos de vez en cuando a comer “sushi” a Teriyaki, a tomarnos unos daiquirí y unos mojitos cubanos en los mejores bares y discotecas de alguna ciudad, me encanta ir a museos, exposiciones de arte, conciertos de jazz y música clásica, reunirme con ilustrados de literatura, usar un bolso Louis Vuitton, comprar ropa en Naf-naf, Salomón, ir a comer al San Pedro, tomarme un café en la Plaza de Santo Domingo, disfrutar del chillout, dance, downtempo en Café del Mar, comerme una ensalada y un postre de La Dulcería, entre otras cosas que acostumbran a hacer la gente “cool”.

Sólo quienes tienen el placer y el honor (vaya modestia) de conocerme y de tratarme saben en realidad cuán corroncha puedo ser, aunque muy seguramente para ellos no tengo nada de corroncha. Simplemente, no me dejo llevar por tendencias que no compaginan con mi forma de ser.

Y bueno, para aquellos que así lo consideran, simplemente tengo para decirles: ¡SOY CORRONCHA, con mucho gusto, a mucho honor y qué!

martes, 9 de marzo de 2010

El amor dura 27 planos...


Peleando con You Tube que por “mantenimiento” no me dejaba subir mis videos del proyecto Cartagena 365, pues decidí aprovechar el desvelo al que ya me acostumbré definitivamente, y ver algunos cortos. Y me encontré con uno que desde que vi el nombre, llamó mi atención: EL AMOR DURA 27 PLANOS, un magnífico cortometraje codirigido por Diego Pérez e Ignacio Bernal.

A medida que avanzaba, iba sintiendo algo en mi pecho, me sentía identificada con lo que allí se decía y proyectaba. Tengo que decirlo: ME IMPACTÓ mucho este corto. Tal vez porque me sentí reflejada en él, sentí que esa misma historia, esa secuencia de planos, la he vivido en mi propia vida.

Duele aceptarlo pero es así. Algo que empieza de una manera tan linda, tan bonita, con mucho amor fluyendo entre dos personas, una mutua entrega, deseo incontenible, caricias que no se pueden guardar, besos eternos, a medida que va pasando el tiempo, por razones que muchas veces ignoramos, que no comprendemos, por miedos a entregarnos completamente, por miles de circunstancias que ahora no se me vienen a la cabeza, va perdiendo ese calor, ese esplendor inicial que alumbraba esa relación; todo se va volviendo frío, se cae en la monotonía, estamos juntos pero sin estarlos, las caricias y los besos terminan casi que extintos, nos convertimos en otros seres totalmente ajenos y desconocidos a los que inicialmente fuimos, aunque muy en el fondo nos sigamos queriendo, nos sigamos necesitando, pero ya no deseando como antes.
Un te quiero mucho que al principio era sentido sinceramente y respaldado por la cercanía corporal, por las expresiones de afecto tangibles, al final se vuelve una frase de cajón que llega a carecer de todo sentido, cuando ya no puede ser sustentado por nada.

Terminamos alejándonos para no herirnos, para no hacernos daño, aunque en el fondo esa otra persona siempre seguirá siendo especial para nosotros. Una relación que dura 27 planos exactos, ni un plano más, ni un plano menos.

Las cosas no deberían terminar así. Pero, me ha sucedido y aunque duele aceptarlo, hay relaciones que están destinadas a iniciar y terminar de esa forma. Sólo espero que la próxima vez, los planos me duren mucho tiempo más.

Aquí les comparto el corto para que generen sus propias opiniones y conceptos.

viernes, 5 de marzo de 2010

Happy Birthday to me…! Just 24th…


24. Bonito número. Pensándolo bien, el tiempo se ha pasado muy rápido, tanto que no he notado mucho su veloz andar. He disfrutado tanto cada etapa de mi vida, que hoy puedo decir: ha valido la pena.

5 de marzo de 1986, hasta bonita fecha para nacer. El día que la naturaleza le dijo a mamá que ya era hora de dar a conocer al mundo, esa criatura que tanto cuidó por 9 meses desde su vientre. 6:45 a.m. la hora en que Erika Paola Brú Vélez, vio por primera vez la luz del mundo. Momento sublime, una nueva vida se asomaba a este mundo que le tenía (y tiene) preparadas muchas sorpresas en el andar. Bien parida, porque mi mamá me pujó (tanto que la dejé sin fuerzas y acabada) llegué a este mundo, a dejar mi huella, a hacer mi contribución a la humanidad, con todo lo que representa mi ser, mi actuar, mi pensar, mi sentir…

Hoy día de mi cumpleaños, se me vienen tantas cosas a la mente. Entro a hacer una reflexión de lo que ha sido mi vida durante todos estos años, y simplemente tengo agradecimiento por todas las cosas lindas y feas, los momentos dulces y amargos, los triunfos y las derrotas, los amores y desamores, las ilusiones y los desengaños, por todo lo bueno y lo malo, porque de todo eso siempre he aprendido algo nuevo que me motiva a ser mejor persona cada día.

Y sí, mis cumpleaños siempre han sido la locura, uno de los días más importantes del año, para quienes me rodean. Porque desde pequeña, desde que cumplí mi primer año, cuando aún no distinguía siquiera quienes me cargaban, me besaban, me felicitaban, por qué esos señores con las caras pintadas y haciendo muecas y piruetas asustaban a los otros niños, qué era eso de piñata, etc., me hicieron la “mega fiesta” con todos los juguetes, y de ahí en adelante, cada cumpleaños era celebrado de una manera tan especial que se volvió “casi” un compromiso con aquellos que anualmente, festejan mi onomástico.

Con el tiempo, muchas personas han olvidado ese día, porque hemos perdido el contacto, nos hemos alejado. Algunas muy seguramente lo recuerdan en el fondo, pero no tienen manera de hacérmelo saber, o simplemente, no les interesa. Hay quienes perduran, y con mucho cariño recuerdan la fecha y hacen llegar sus felicitaciones, a su manera. Como en la vida vamos cambiando de ambientes, de espacios de esparcimiento, de grupos sociales, nos vamos rotando continuamente por diferentes escenarios, así mismo la gente que asiste a mis cumpleaños, no siempre es la misma, aunque como les digo, hay quienes perduran, entre esos mi familia (el colmo sería que no), algunas amigas de la infancia, mis amigas del colegio (son las que más están pendientes) y uno que otro amigos de los trabajos y empresas por los que he transitado.

Para mí nunca han sido indispensables los regalos. “O me das regalo, o no te dejo entrar a mi fiesta” la verdad mis padres nunca me inculcaron tan egoísta pensamiento. De hecho, una simple felicitación que sale pura de un corazón, es un regalo tan noble y tan lindo, que no puede sustituirse por ningún regalo material, es el simple hecho de ser recordada, de que te hagan sentir importante, por lo menos una vez al año.

Que no se cumple años todos los días, eso es cierto. Por eso trato que mi día de cumpleaños sea lo más especial del mundo, estar rodeada de gente que me quiere y aprecia en realidad (aunque no faltan los hipócritas). Agradezco a Dios infinitamente, esta nueva oportunidad de seguir viviendo, de seguir disfrutando de las maravillas que Él tiene preparadas para mí. El camino no ha sido fácil y nunca lo será; de hecho, las cosas se aprecian mucho más cuando nos esforzamos por conseguirlas, y así lo seguiré haciendo, con la cabeza en alto, con la convicción que tengo todo el potencial para lograr mis metas, objetivos, anhelos e ilusiones.

Y sí, quiero que sepan que mi cumpleaños es una fecha MUY especial para mí, aunque para otros no tenga sentido…! Es un día diferente, tiene un olor, un color, un sabor especial. Ese día me declaro la MUJER MÁS FELIZ DEL MUNDO y no permito que nada ni nadie me lo amargue.

Por eso, quise compartir con ustedes esto que me sale del alma, y que me produce la emoción de cumplir un año más (o un año menos, lo mismo da), pero por el hecho de estar viva y gozando de salud, del amor de mi familia, el cariño de mis amistades y todas esas cosas por las cuales vale la pena vivir, celebro y brindo con ustedes mis lectores, esta fecha tan especial.

Y confieso, que muchas personas me hacen llorar con sus felicitaciones tan lindas, y que se los agradezco infinitamente, por tenerme en cuenta y hacerme sentir tan especial en este día…!

POR MIS 24 AÑOS, BIEN VIVIDOS SEÑORES, ESO SÍ. ¡SALUD! Y ¡HAPPY BIRTHDAY TO ME!