sábado, 26 de septiembre de 2009

A las niñas también nos gusta el fútbol...


Cada vez que ocurre un encuentro futbolístico entre equipos de mi agrado e interés, me gusta comentar acerca de los por menores ocurridos durante el partido. Pero resulta y pasa que esta afición que yo tengo, no es bien vista por un sector de “hombrecitos machistas” que creen que en lugar de hablar de fútbol debería estar hablando de ropa y maquillaje con un selecto grupo de amigas vanidosas y /o al menos “femeninas”, en lo que ellos consideran su paupérrimo concepto de lo que significa ser mujer.

En su errónea conceptuación, fútbol no combina con lo femenino. Pues error garrafal: hay ciertas mujeres que a pesar de ser muy femeninas también les gusta el fútbol sin perder con ello su condición de mujeres delicadas y valga la redundancia “femeninas”. En mi caso me considero una apasionada del fútbol. Tal vez no seré la que más sabe de normas y técnicas futbolísticas, pero la experiencia y el diario vivir de los años, compartiendo con familiares y personas amantes del fútbol, algo me ha enseñado. Puedo durar horas viendo partidos de fútbol continuos, emocionándome con cada jugada, con cada gol, con cada pase…Soy de las que grito, pataleo, puteo y reputeo a los árbitros, a los futbolistas, al técnico, y en muchas ocasiones me llego a creer la manda más que ordena el juego y planea la estrategia perfecta para ganar. Y ante todo, sigo siendo MUJER, eso no me quita nada de lo femenino.

Como Comunicadora Social, siempre me inspiró el periodismo deportivo. De hecho, recuerdo con una sonrisa que mis profesores de Redacción muchas veces me pidieron amablemente que cambiara la temática de mis escritos y noticias: todos eran de deporte, es que sinceramente, no me veía escribiendo judiciales, es más, ni siquiera las notas sociales y de farándula, lo mío era la parte deportiva, todo lo que incluyera adrenalina, una opinión de los fanáticos, además, porque es uno de los pocos segmentos en los que podía imprimirle cierta emoción, dinamismo y conceptos personales en la redacción al contar crónicas de las jornadas entre otros actos.

Por eso, me enojo, cuando aquellos “hombrecitos machistas” con ínfulas de conocer el fútbol al derecho y al revés, tratan de censurar mis humildes pero sentidas opiniones de lo que ha pasado en un juego, cuando muchas veces tengo hasta más criterios que ellos para opinar, argumentos de verdad, y no simples falacias y balbuceos de hinchas furibundos y enardecidos. Yo AMO EL FÚTBOL, y me gusta verlo, pelearlo y discutirlo. Tal vez seré una de las pocas mujeres que lo hace, pero soy feliz así y no tiene nada de malo. Y para aquellas mujeres que también me miran con ojos extraños, pues qué pena pero así como hablo de fútbol les puedo dar cuando quieran clases de estilo, maquillaje, últimas tendencias de la moda, consejos de belleza o simplemente ponerme a echar lora sobre los últimos levantes y las fantasías acumuladas.

Yo AMO EL FÚTBOL, y por ese hecho NUNCA dejaré de ser MUJER y mucho menos de perder mi feminidad que a todos les consta cuánto la mantengo en su nivel.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Odisea femenina en un baño público...


Esto me llegó por correo electrónico y quisiera compartirlo con ustedes, ya que me sentí muy identificada con la situación que aquí se expone. Espero que por fin los hombres logren entender por qué las mujeres siempre vamos acompañadas al baño...

"El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquita tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza. Finalmente te instruía: 'Nunca, nunca te sientes en un baño público' Y luego te mostraba 'la posición' que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

'La Posición' es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, 'la posición' es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar. Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de 'me estoy 'meando''.

Finalmente te toca a ti, si no llega la típica mamá con 'la nenita que no se puede aguantar más'. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo.

Entras y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa... Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo está lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de cositas que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso... Pero volviendo a la puerta... Como no tenía picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas la pantaleta y te pones en 'la posición'... Alivio...... AAhhhhhh.... por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 Kg. Colgando de tu cuello. Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza 'jamás te sientes en un inodoro público!!', así que te quedas en 'la posición' con el tembleque de piernas... Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finísima del chorro te salpica en tu propio trasero y te moja hasta las medias!!!

Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar 'la posición' requiere una gran concentración. Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peeero, nooo hayyyyyy...! El rollo está vacío...! (siempre) Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable Kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio... Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas OCUPAAADOOOO!!! Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho). Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas... El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'tú no sabes qué enfermedades podrías agarrarte ahí'. ...estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras la cadena con un pie ¡sobretodo! muy importante. Entonces vas al lavamanos.

Todo está lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona la canilla con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso y quede abajo del chorro... El secador ni lo usas, es un trasto inútil así que terminas secándote las manos en tus pantalones, porque no piensas gastar tu Kleenex para eso y sales...

En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba. '¿Por qué tardaste tanto?'' te pregunta el idiota. 'Había mucha cola' te limitas a decir. Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el Kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que uno sólo tiene que concentrarse en mantener 'la posición' y la dignidad.

¡Gracias a todas por haberme acompañado alguna vez al Baño y servirme de Perchero o tenedora de Puerta!!!!..... Y para los hombres que siempre preguntan ¿Mijita porque te tardaste tanto en el baño...?, espero que haya quedado claro."

jueves, 24 de septiembre de 2009

Una noche en el hospital...


Siempre he odiado los hospitales. De hecho, nunca me ha gustado ese olor tan extraño que tienen, como a enfermos, como a muerte. No me gustan porque además, no me causa ningún placer ver a gente sufrir por sus dolores, enfermedades, sangrando heridas, delirando, en el último suspiro. Simplemente, son cuadros de la vida, que preferiría omitir de mi vista. Y precisamente por eso fue que no quise estudiar Medicina, la carrera con que soñaba desde niña (ah! Claro, creo que todos algunas vez quisimos ser doctores cuando pequeños), porque no soporto ver a gente sufriendo, entro en un estado de shock que no me permite hacer mucho frente a esos casos.

Cuando me enfermo, siempre trato de resolver mis enfermedades primero desde la casa, con medicinas tradicionales (sí sí, ya sé, no me regañen por automedicarme) y hasta siguiendo los consejos de mi abuela que siempre tiene un remedio natural para cada dolor y enfermedad. Cuando la cosa se complica, pues ahí si toca correr a ese sitio que tanto odio: el hospital.

Ayer, a la medianoche, le tocó a mi mamá correr conmigo al hospital, por un terrible dolor en la parte baja del vientre que me provocaba unas inmensas ganas de permanecer en cuclillas todo el tiempo, un dolor tan terrible que no me dejaba pensar, que me desató una cascada de lágrimas que salían solas sin necesidad de esforzarme porque se derramaran. El trayecto de mi casa al hospital, se me hizo eterno. Tenía ganas de decirle al taxista que colocara el “turbo” y así llegar más rápido al hospital. Pero bueno, no se pudo, y hasta tocó aguantarse las continuas paradas en los semáforos que a esa hora por lo general, nadie presta atención, pero que a raíz de las cámaras que instaló el Distrito para “cazar” infractores, los conductores prefieren respetar por miedo a que luego les llegue un correo a sus casas con la foto del momento de la infracción y avisándole que tiene que pagar la sumas de $250.000 pesos en mínimo 48 horas, y si no, la multa va subiendo.

Por fin, llegué al hospital y mientras yo me retorcía del dolor, mi madre se encargaba de realizar todo ese “protocolo” en la recepción, de nombre, dirección, EPS, etc. Por momentos, me daban ganas de mentarle la madre a la recepcionista, ¿acaso esa estúpida no estaba viendo lo mucho que me dolía? Lo único que quería es que el médico me viera pronto y me inyectara algo que calmara ese dolor tan terrible que tenía.

Después, otro “protocolo” más, a pesarme y hacerme las típicas preguntas, ¿cuándo fue la última menstruación? ¿no tiene retrasos? Pues ¡NO! Estúpida, no estoy embarazada y ya deja de preguntarme que no aguanto el dolor, me tocaba decir telepáticamente a la enfermera que parsimoniosamente jugaba con mi angustia y desesperación. Por fin, me remitieron a observación y llegó un médico buena gente que me examinó y pues por los síntomas dedujo que tenía “Cistitis aguda” producida muy seguro por una infección urinaria, y ordenó a una enfermera colocarme una inyección en la vena para calmar mi dolor.

A esa hora, muchas personas estaban en URGENCIA (que de “urgencia” solo tiene el nombre) y me tocaba escuchar a mis “vecinos” quejándose de sus dolores, un loco que se estaba quitando la dextrosa y todos los aparatos que tenía, las enfermeras peleando con pacientes intransigentes, escuchando los dictámenes de otra gente que estaba más grave que yo, soportar ese frío tan tenaz, típico de los hospitales, ese olor, ¡ay! Ese olor a hospital tan horrible. Yo acostada en mi camilla trataba de no pensar. De escaparme un momento de ese lugar que tanto odio. Mi mamá rendida del sueño se acurrucaba junto a mí y me preguntaba si ya se me estaba pasando. Cerré los ojos con la ilusión que el dolor desapareciera pronto, pero el tiempo transcurría más lento de lo normal, y así lentamente sentía yo que me estaba haciendo efecto la inyección.

Por fin sentía que el dolor desaparecía. Me quedaba una leve molestia pero ya lo peor había pasado. El médico me recetó un tratamiento que debo seguir para mejorar. Sólo debía esperar un ratico más a que se me pasara del todo, pero en realidad yo quería salir corriendo para mi casa. Con esta experiencia corroboré una vez más, el odio que tengo hacia los hospitales y nuevamente cuestiono la calidad del servicio al cliente de los mismos. Cartagena está muy grave en el área de recursos hospitalarios y sector salud. Pero solamente, nos volvemos más conscientes de este problema, cuando nos toca acudir a que nos atiendan de malagana en un hospital. Cuando nos toca aguantarnos el dolor y rogar a Dios porque no nos dejen morir.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Sexo sin rutina...


Hace poco me llegó un correo electrónico muy curioso. En él explican la diferencia entre ser la “esposa” y ser la “otra”, y se “argumenta” el porqué los hombres necesitan tener siempre a dos mujeres. En resumidas cuentas, la “esposa” viene a ser aquella mujer a quién el hombre ama profundamente, la mamá de sus hijos, pero que por la convivencia diaria se convierte en sinónimo de problemas: que hay que pagar esto, que hay que comprar aquello, que estoy muy estresada por el trabajo, que tú tienes que hacer esto, etc. La “otra” por el contrario, es aquella mujer que por fuera del hogar, le ofrece al hombre placer infinito, siempre dispuesta a complacerlo, no le lleva problemas a la cama, está pendiente de entregarse al máximo, de estar lo mejor posible para agradarle al hombre, en fin, la “otra” es sinónimo de “buen sexo sin preocupaciones”, una forma de escape del mundo y sus problemas. Pero ¿y por qué no cambiar a la “esposa” por la “otra”? Pues sencillo, en el caso de que la “otra” se vaya a vivir con el hombre, inmediatamente ocuparía el lugar de la “Esposa” y poco tiempo después, éste tendría la imperiosa necesidad de encontrar otra “Otra”.

Parece un trabalenguas y hasta divertido suena, pero es la realidad en la que viven muchos hogares de familiares, amigos y conocidos. Siguiendo muy de cerca estos casos y hablando con las mujeres implicadas en el asunto, noté un factor común en la mayoría de ellas: el sexo se les había vuelto una rutina más, una actividad con la que tenían que cumplir por el hecho de ser las esposas pero que realmente no estaban disfrutando. Cuando se llega a esta situación, se deben encender las alarmas y buscar los métodos para no permitir que esto continúe sucediendo. Pero hay mujeres que por su condición de “señoras conservadoras”, no les gusta hablar del tema, y hasta se sonrojan cuando escuchan la palabra “sexo” y si a mí como mujer, me choca y aburre tener que lidiar con estas puritanas, pues ya me imagino a esos pobres maridos cómo deben estar, y aunque no justifico la “infidelidad” del hombre, si logro entender porqué muchos tienen que salir de casa a buscar lo que no se les está dando al interior de ésta.

Por eso, mi recomendación a las mujeres es que sean más abiertas con sus maridos, novios. Hay que conocer a la pareja, saber qué es lo que más les gusta hacer, lo que les causa mayor placer. Innovar es la clave. El sexo precisamente se vuelve una rutina más porque todos los días se hacen las mismas poses, se dan los mismos besos y las mismas caricias. Actualmente, existen tantos elementos que ayudan precisamente a romper esa rutina, y permite a las parejas disfrutar plenamente de su sexualidad, y si no saben, pues vayan y visiten una Sex Shop, y escojan lo que más les gusta (allí mismo hasta asesorías le dan gratis), vean videos juntos (estos ayudan a las mujeres que carecen de creatividad para generar movimientos y poses nuevas), consulten trucos en Internet, comidas afrodisiacas, mejor dicho, a los maridos-novios hay que conquistarlos diariamente y tratar en lo posible, de no llevar los problemas a la cama. Sencillamente, hay que aprender a ser “esposa” y “otra” al mismo tiempo.

*Libro recomendado: Mejor sexo. Acaba con la rutina y mejora tu vida sexual para volver al éxtasis y recuperar la pasión. Autora: Elisabeth Wilson.

martes, 22 de septiembre de 2009

Esto de crear un blog...

Hace mucho tiempo, vengo escuchando acerca de los "blogs" de los "bloggers" y todo esas terminologías asociadas con el medio tecnológico, sin embargo, sólo me había dedicado a inscribirme en redes sociales como Hi5, Facebook y Twitter. Y me parecía que hasta ahí estaba bien, que no necesitaba de nada más.

Sin embargo, por mi profesión (Comunicadora Social) y por una vocación y/o don que he tenido desde muy pequeña, a mi me encanta escribir. Y me he dedicado a lo largo de mi vida a escribir cuentos, poemas, noticias, reportajes, documentales, etc., pero siempre quise tener un espacio para escribir sobre mis cosas, sobre lo que me sucede, una especie de diario (pero no tan melodramático como el de las adolescentes). Un espacio, lugar, como se le quiera llamar, donde escribiera con libertad, donde nadie me cohibiera y limitara mis palabras. Y es que dicen mis amigos, que yo hablo mucho, incluso escribiendo, y no están equivocados: soy muy locuaz y al escribir no puedo dejar de serlo. Por eso suelo extenderme más de la cuenta, y aún recuerdo con cierto humor, cuando mis profesores de la universidad me decían: un ensayo de 1 cuartilla o de 1000 palabras, Erika Brú, no te vayas a pasar, ni más ni menos.

Bueno, desde que entré a Twitter, me he encontrado con una red de bloggeros que han despertado en mí, la emoción y las ganas de escribir por fin, en un espacio que puedo llamar mio, y compartirlo con otras personas. He leido varios blogs y me ha gustado mucho la espontaneidad del asunto, nada de formalismos exagerados, cada quien escribe lo que piensa y siente sobre determinado asunto, y si a ti te gustó bien y si no, pues también. Es una forma perfecta de hablar sin que te manden a callar, porque a diferencia de las palabras "expresadas verbalmente" que se las lleva el viento y no quedan resgistradas, las palabras escritas, aquí quedan a menos que tu las quieras borrar, más no porque alguien te lo exija o imponga. Eso me gusta.

Así que por eso, ando ahora incursionando en este mundo de los "blogs", esperando poder por fin, escribir mis cosas y compartirlas con otras personas a las que también les gusta escribir. No seré la más experta en este tema, pero espero que poco a poco ustedes me ayuden a aprender más de esto y a tomarle el amor necesario para escribir cada día. Por lo pronto, les dedico este primer post a todos los que lo están leyendo y que gracias por venir a jugar a las escondidas conmigo! ;)