lunes, 14 de diciembre de 2009

Caminando por el Centro de Cartagena


Si hay una cosa que disfruto plenamente y que espero seguir haciendo por el resto de mi vida, es ir al Centro de mi hermosa ciudad, Cartagena de Indias, y rodearme de esa cotidianidad costeña y de esa cultura que nos hace únicos e irrepetibles a los cartageneros.

Y es que a diferencia de otras personas, a mí me fascina ir al Centro: eso es sinónimo de alegría.

Actualmente, y debido a los cambios en las vías que se están realizando para la adecuación del Transcaribe (Transporte integrado masivo de Cartagena) ir al Centro puede resultar toda una odisea, por los largos trancones que se forman a la entrada, específicamente por la India Catalina, donde se baja la mayoría del personal que allí asiste.

Pero yo voy feliz. Hoy precisamente, por esas cosas de las amas de casas desesperadas, me tocó ir al Centro a pagar recibos, realizar algunas compras y sí, a caminar mis callecitas a ver qué había de nuevo por ahí, cómo se están rebuscando los comerciantes en este diciembre.

De bajada, me recibe esa brisa marina, que por estos tiempos azota a la ciudad y que a mí me fascina. Es como entrar a otro mundo. Claro, el sol de Cartagena es cosa seria, y a las 3 de la tarde todavía golpea fuertemente la humanidad de quienes osadamente salimos a la calle. Pero yo voy feliz, eso no me importa, como buena cartagenera ya estoy acostumbrada a eso.

Llevo puestos un strappless color rosado (como cosa rara ¿no? Mi color favorito) y un pescador (jeans más arriba de las rodillas), sandalias “tres puntás” rosadas, no me he maquillado casi por la pereza, solo un ligero rubor y las cejas delineadas, ni brillo en los labios llevo; mi cabello está medio recogido por un gancho de flores rosadas por lo que queda a merced del viento que juega como quiere con él, es muy difícil por estas épocas mantenerse bien peinada.

Empiezo a caminar con paso entre ligero y pausado. Quiero disfrutar el ambiente. Los piropos no se hacen esperar. ¡Pero si me veo tan simple! Digo para mis adentros, pero a lo mejor esa belleza natural atrae más, digo yo acá en la cocina… Me gustaría haber traído mi grabadora periodística para ir guardando todos esos piropos que me lanzan en las calles, desde los más ingeniosos hasta los más morbosos y pasados de tonos, esos que me hacen sonrojar, pero que no me hacen reír.

¡Mamasita rica! Me dice uno que pasa muy cerca de mí, y que por un momento pensé que me robaría un beso por lo mucho que acercó su cara a la mía...Normal, como si nada sigo mi camino. Hay mucha gente, tal vez tratando de conseguir la ropa para Navidad y Año Nuevo, o comprando cosas que faltan para la decoración de la casa, o pagando deudas, o solicitando préstamos en los bancos, o simplemente haciendo tanto y nada al mismo tiempo.

Por estos días, la ciudad se llena de muchos turistas y de eso me doy cuenta. Pasan a mi lado hablando inglés, francés, alemán y quién sabe qué otros idiomas más, oliendo a bronceador y playa, insolados hasta más no poder, con sus cámaras en las manos, tratando de capturar esa cotidianidad cartagenera que es tan sabrosa, tan auténtica, tan bacana.

Los vendedores en las calles tratan de conquistar a sus clientes. Lo que usted quiera conseguir, téngalo por seguro lo consigue en el Centro de Cartagena. Una señora “regatea” (pide rebaja, que le bajen los precios) con un vendedor, y el señor responde con un “erda tia, tamos en Navidá, deje algo ahí pal aguinaldo”. Al final la señora termina comprando a un precio de común acuerdo.

Sigo caminando. Me gusta el olor del Centro. Que ¿a qué huele el Centro? Pues la verdad es una mezcla de olores… Por sectores puede oler a frutas frescas, por otro lado a velas aromáticas y por estos tiempos incienso y todas esas hierbas “pa’ santificar y purificar” las casas, también huele a comidas, muy típicas eso sí, huele a viejo, huele a berrenchín en algunos sitios donde la gente acostumbra a hacer sus necesidades fisiológicas porque no pueden acceder a un baño o simplemente por falta de cultura ciudadana, que lamentablemente, en mi Corralito de Piedra escasea. El Centro también huele a nuevo, a chorizo, a arepas, a jugo de naranja, a paletas, a dulce, a brisa, a mar, a sol, eso, sobre todo a sol.

Me gusta el Centro. No, mejor, yo adoro el Centro de mi ciudad. Y caminar por las calles es toda una aventura. Los andenes están taqueados de vendedores ambulantes, que con desespero tratan de vender sus mercancías a como dé lugar, para tener siquiera “alguito” con qué sostener a sus familias, así sea pa’ sólo el pedazo de pan con agua e’ panela. Luces de navidad, adornos, moñas, gafas, zapatos, cinturones, collares, mejor dicho, de cuanta chuchería a usted se le ocurra, allí la encuentra.

¡Ah sí! Los colores del Centro y sus calles son únicos. El estilo colonial de la ciudad hace que su ambiente en general sea muy agradable a la vista. El Centro de Cartagena ofrece unas panorámicas únicas e irrepetibles: colores vivos y brillantes, arquitecturas inigualables, balcones que enamoran, tejados que enloquecen. Definitivamente, es un lugar extraordinario, donde se disfruta cada metro que se recorre, ya sea por su gente, cálida y hermosa, o por lo estrecha de sus calles que reciben a muchas personas que vistas desde el cielo, deben parecer muchas hormiguitas que van y vienen en sentido contrario.

Y podría durar horas, días, meses, hablando del Centro de mi ciudad, de lo hermoso que es, de lo mágico e histórico, de sus callecitas que ilusionan, de ese algo qué se siente cuando estás caminando por él. Y es que en verdad, yo me di cuenta que no camino en el Centro. Yo siento que me elevo, que estoy metida de lleno en ese mundito que es tan mío y que tanto me hace bien. Para mí no hay mejor plan que caminar las calles del Centro, mirar un atardecer desde las murallas y descubrir lo maravillosa y romántica de una noche cartagenera.

Llego a mi destino. El vigilante con alguien que lo acompaña me miran con cara de morbo. No les hago caso. Hago todo lo que debo hacer, y me apresuro a hacerlo pronto, precisamente, para salir de nuevo y seguir recorriendo las callecitas de mi ciudad. Termino mis diligencias y salgo de nuevo a la calle. Qué bien se siente. La brisa me saluda como abrazándome y besándome, yo me dejo llevar. Una sonrisa siempre me acompaña y podrían pensar quiénes me ven que soy hasta loca, porque suelo reírme sola de las cosas “tan cotidianas” que suceden mientras camino. No hay para mí una mejor terapia para el “stress” que ir al Centro, aunque algunas personas podrían decir que al contrario, eso se los aumenta por el caos que se pude vivir por momentos allí. Sin embargo, ese es el caos que me enamora. El caos de lo cotidiano, del sentir cartagenero, de esas cosas que por muy sencillas e insignificantes que parezcan, a mi me emocionan, me encantan, me hacen sentir muy pero muy orgullosa de la ciudad donde nací.

Caminando el Centro, sola, me hace pensar incluso en las personas especiales de mi vida. Cuando quieras vivir una aventura bien coloquial, no lo pienses más, invítame contigo al Centro de Cartagena y te puedo asegurar que al igual que yo, te vas a enamorar de ese lugar. ¿Me acompañas?

jueves, 10 de diciembre de 2009

¡No todo puede llamarse vallenato!


El vallenato, es sin lugar a dudas, uno de los géneros musicales más representativos de Colombia. Si existe una música, por la cual nos reconocen en el extranjero, es precisamente por el folclor vallenato, el cual ha logrado posicionarse gracias al éxito de varios artistas nacionales que se esmeran por llevar a tierras ajenas un poquito de ese sabor y calidez que caracteriza a este ritmo engendrado en la Costa Caribe Colombiana.

En sus inicios el vallenato de destacó, porque a través de sus letras, se podían contar hechos de la vida cotidiana, historias de mujeres, amores, parrandas y leyendas, generando de esta manera una afición por la tradición oral, que poco a poco se fue extendiendo por varios pueblos, veredas y ciudades de la Región Caribe.

Este vallenato, conocido “vallenato tradicional” tuvo dignos representantes, llamados “juglares”, que viajaban por toda la región cantando y contando sus historias a través del vallenato, y animando las fiestas de cada lugar con la respectiva parranda. Es así como se puede recordar a Alejo Durán, Colacho Mendoza, Rafael Escalona, Abel Antonio Villa, entre otros.

Evidentemente, de las mejores épocas del vallenato, donde sólo bastaba tener el acordeón, la caja, la guacharaca y un motivo de inspiración para crear las más famosas canciones que aún ponen a “parrandear” a las actuales generaciones a punta de paseo, merengue, puya y son.

Como todo evoluciona, el vallenato no podía ser la excepción. A medida que se fue expandiendo por la Costa, fueron naciendo nuevos artistas vallenatos, muchos de ellos siguiendo tradiciones familiares, conocidas como “dinastías”; de esta manera, un padre acordeonero dejaba el legado a su hijo y así sucesivamente, con tal que no muriera la práctica vallenata en la familia. Se fueron incursionando nuevos instrumentos además de los tradicionales, y se empezaron a percibir las famosas “agrupaciones o conjuntos vallenatos”. Ya no se escuchaba hablar de “juglares” sino de cantantes vallenatos, quienes siempre trataron de mantener y llevar consigo ese mismo ingrediente del vallenato tradicional, continuando con las letras de sus historias de amor y desamor, de aventuras y parrandas, pero con un toque y sonido más moderno. Dentro de este grupo se pueden destacar artistas como Jorge Oñate, Los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz, el Binomio de Oro, Los Betos , Iván Villazón, entre otros, quienes además, lograron el reconocimiento no solo regional, sino nacional e internacional.

Este vallenato que se volvió más de tipo comercial, creado para vender discos, llenar conciertos y ganar premios, sin embargo, aún gozaba de ese privilegio de llevar entre sus ritmos ese toque mágico del vallenato tradicional, que lo hacía deleitable y agradable para el público. Con muchas canciones de estos artistas más de un caballero conquistó a su esposa, más de una pelea terminó en reconciliación, más de una indecisa cayó rendida a los pies de su conquistador, se pudo decir adiós de una forma bonita, se contaron historias que de una u otra manera jamás habría podido contarse. Es el vallenato que cuando suena todavía a más de uno le remueve el corazón, le trae un bonito recuerdo, le hace volver a épocas pasadas memorables, las parrandas con los amigos del barrio, aquella muchacha bonita que conquistó, aquel amor que se fue y nunca más volvió.

Pero desafortunadamente, el tiempo avanza y trae consigo los cambios. De ese vallenato tradicional, entrañable, “sabroso”, hecho exclusivamente “pa’ parrandeá”, muy poco queda en la actualidad. Se sabe que las historias ya no son las mismas que antes, precisamente, porque cambiaron de protagonistas y de escenarios, pero ojalá se hubiese hecho un gran esfuerzo por mantener ese “no sé qué” que tenía el vallenato tradicional, esa autenticidad que parece perdida en medio de la modernidad.

Nuevos “cantantes vallenatos” han surgido ante lo que se ha llamado la “nueva ola” del vallenato acompañado del mal llamado “vallenato romántico”. Esta “nueva ola” está conformada por jóvenes cantantes que si bien, han tenido mucha aceptación dentro de las nuevas generaciones, y muchos de ellos se han esforzado por realizar “buen vallenato”, lo cierto, es que no les ha alcanzado para imprimirle a sus canciones y producciones el sabor y la magia propia del vallenato tradicional.

Y lo que es aún más deprimente, es que en algunos casos, el vallenato ha sido reducido a una serie de lamentaciones y lloriqueos melodramáticos, que más que canciones son un atentado contra el buen gusto y el folclor vallenato. Letras de canciones vacías y sin sentido, que parecen más una burla al desamor y lo único que conservan es el acordeón en sus melodías. ¿Sería justo llamar a eso vallenato? Sinceramente, me parece una falta de respeto con el vallenato tradicional, denigrar el buen nombre del folclor, con este tipo de mal llamados artistas y sus deprimentes canciones. Colombia necesita rescatar el vallenato tradicional, aquel que nació en el Cesar, un vallenato con el que se pueda conquistar nuevamente, y que no reduzca el amor a un drama sin final que no deja otro consuelo que llorar y llorar.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hoy me dieron ganas de escribir...


Muchos amigos me han regañado por el abandono en el que tengo a mi querido blog. Tal vez sean las múltiples ocupaciones, tal vez mis musas de la inspiración me han abandonado, tal vez sea porque me gana la pereza de hacerlo o quizás porque no tenga nada que decir, o mejor, quisiera quedarme callada y guardarlo sólo para mí.

Pero hoy me dieron ganas de hacerlo. Y la verdad, no se sobre qué rayos estoy escribiendo exactamente en este momento, pero aquí estoy, tratando de abrir mi alma y mi ser a las letras, y plasmar un poco aquí será lo que estoy viviendo, sintiendo, experimentando en este preciso instante.

Finalizando noviembre se siente algo extraño. Una felicidad inmensa porque llega Diciembre, para mí, el mes más lindo del año, porque gracias a Dios y a mis padres, siempre lo he disfrutado como se merece, con toda su magia y alegría. Y al mismo tiempo, algo de nostalgia por todas las cosas que pasaron en este año y que de alguna u otra forma dejaron huella en mi vida.

Llega diciembre y me preparo psicológicamente para hacer el balance de mi año. Pérdidas y ganancias, cosas aprendidas y cosas olvidadas, a quién aprendí a querer y a quienes me esmero por olvidar, cuántas personas nuevas llegaron a mi vida y a cuántas saqué o se fueron por sí solas, que tan satisfecha me encuentro conmigo misma, que hice por los demás, será que tuve mucho más momentos felices que tristes, qué nuevos defectos descubrí o me hicieron descubrir en mí y que estoy segura quiero mejorar para el año que viene, o tal vez, simplemente, no me dé la gana de cambiar, porque así soy yo.

Pero casi nunca me gusta recordar las cosas negativas del año que pasa. Prefiero pensar positivo hacia el futuro, imaginar las cosas lindas que llegarán con el año que viene, porque eso sí, vivo convencida que cada año trae algo mejor para cada uno, y cada vez lo compruebo más. En estos momentos pienso las cosas que quisiera hacer el año que viene, proyecto mi vida siempre para mejores cosas. Tantas cosas que me gustaría lograr a nivel profesional, personal pero sobre todo sentimental, un área bastante importante en mi vida, ya que al contrario de muchos, y no se sí desafortunadamente, yo soy más pasional, sentimental que racional. Los sentimientos guían mi vida, mi estado de ánimo. Cuando no estoy sentimentalmente bien, es difícil que pueda estarlo en el resto de mis ámbitos vitales. Y este año, ha sido de altibajos en esa área, así que espero que el año que viene pueda alcanzar una “estabilidad” por lo menos…

Hoy me dieron ganas de escribir y terminé haciéndolo sobre Diciembre. Sólo espero que al igual que los otros años, éste también sea el mes más alegre del año para mí y que mis musas de la inspiración vuelvan a visitarme más seguido, para así poder seguir escribiendo seguidito en mi blog y no dejarlo en el abandono total.

martes, 3 de noviembre de 2009

Casarse o no casarse...esa es la cuestión!


Desde pequeñas, creo que a la mayoría de las mujeres nos venden la maravillosa idea del “matrimonio feliz”, de encontrar ese “príncipe azul” y de comernos el cuentico de “vivir felices para el resto de nuestras vidas”, pues claro, desde niñas nuestras madres nos acostumbran a ver las peliculitas de Disney, esas de princesas, y nosotras que aún no sabemos distinguir muy bien entre fantasía y realidad, nos dedicamos a creer que todos ese mundo tan bonito puede ser realidad, algún día. Y crecemos con la idea en la cabeza, de hallar nuestro príncipe azul, ese hombre perfecto, buen mozo, educado, inteligente, romántico, detallista, (mejor dicho, ese que ya no se consigue, solo unos cuantos especímenes, y ya están en vía de extinción), pero nos vamos estrellando solitas con la cruda realidad, y como no nos prepararon para esa clase de golpes, pues nos parten el corazón con una facilidad y ahí seguimos nosotras por el mundo buscando el imposible, curando las heridas e intentando una y otra vez.

El problema fue que nos volvieron “idealistas” así digo yo, idealizamos a ese hombre, a esa pareja que queremos tener al lado, pensamos en una persona que carece de defectos, pero que está totalmente ajena a la realidad en la que vivimos: todos los hombres y las mujeres, tenemos defectos, y nos duele aceptar que es así. Y bueno, a la final esa dichosa búsqueda es para “casarnos” como las princesas, sí, creo que alguna vez soñamos con la súper boda, el súper vestido pomposo, lanzando el ramo de flores para las amigas y quedadas, los anillos, la gran recepción, mejor dicho, como en los cuentos, tal cual.

Pero llega un momento de nuestras vidas en que la estamos pasando tan bien, tan rico, así solteritas, que la palabra “matrimonio” nos produce terror, por lo menos es mi caso. No me imagino, vivir atada a un solo hombre, tener que asumir responsabilidades de ama de casa (con las cuales peleo diariamente, no me llevo muy bien con eso), pero más que todo eso lo que más me disgusta es, tener que conformarme con un solo hombre y tratar de ser fiel en lo posible, para no quedar como la cualquiera, la “cachona”, etc., y ahora no voy a profundizar en esos temas de la infidelidad, que es otro merecumbé.

Tal vez porque no soy muy amiga de los formalismos, es precisamente, que he empezado a dudar si algún día me casaré o no. El matrimonio en estos momentos me parece más un negocio que otra cosa, empezando por lo que toca pagarle al cura que te va a echar la bendición, más el vestido, la recepción y ese poco de cosas que se dan en el magno evento. Pero tampoco quiero profundizar en la parte económica del sacramento. La verdad, por la experiencia de conocidas y mucha gente en general, que hacen la súper boda y al mes se están separando, es que he pensado ¿para qué tanta gastadera de plata en una cuestión que se ha vuelto tan desechable?

No señor, la verdad yo no quiero dolores de cabeza por “cachos descubiertos”, por peleas con el esposo por cosas insignificantes, tener que estar dando explicaciones de lo que hago y dejo de hacer, que quiero salir sola con mis amigas y amigos y alguien en casa me pone mala cara, porque si me gusta alguien me tengo que quedar con las ganas de calmar el antojo o sino tener que hacer todo a escondidas y cuidadosamente para evitar que me descubran, tener que explicar quién me llamó tan tarde, no que hartera, yo no sirvo para tener y mucho menos vivir, con un policía al lado.

A mí me gusta la libertad, poder gozar y disfrutar a mis anchas, nada de ataduras. No me pondré rabiosa si al día siguiente no me llaman por teléfono a decirme cosas bonitas, no me hacen falta, con lo que haya pasado la noche o el día anterior es más que suficiente, la cara de ponqué con la que me levante y que me dure todo el día es una buena recompensa, no celaré a nadie (cada quién hace lo que quiera y con quién quiera) ya muy mala vida me he dado con ello en el pasado, saldré con mis amigas y amigos cuando yo quiera, bailaré al ritmo que me toquen, y lo mejor de todo, sin tener que dar una sola explicación de lo que hago (de hecho a mis padres, solo cumplo con decirles adónde voy, más no les pido permiso).

Por ahora, estoy disfrutando mi vida de soltera como Dios manda. Quizás seré soltera por mucho tiempo más o tal vez toda la vida, quién sabe. Si alguna vez soñé con casarme, ese sueño se ha ido disipando poco a poco, lentamente. Pero no diré todavía que no me voy a casar. Que tal y aparezca uno que me haga cambiar de opinión y me convenza de creer en el matrimonio nuevamente, quién sabe. Por lo pronto, espero poder seguir amaneciendo con mi cara de ponqué producto de encuentros cercanos de alto nivel aunque al día siguiente el personaje no me regale ni una llamada…pero nadie me quita lo bailao!

sábado, 26 de septiembre de 2009

A las niñas también nos gusta el fútbol...


Cada vez que ocurre un encuentro futbolístico entre equipos de mi agrado e interés, me gusta comentar acerca de los por menores ocurridos durante el partido. Pero resulta y pasa que esta afición que yo tengo, no es bien vista por un sector de “hombrecitos machistas” que creen que en lugar de hablar de fútbol debería estar hablando de ropa y maquillaje con un selecto grupo de amigas vanidosas y /o al menos “femeninas”, en lo que ellos consideran su paupérrimo concepto de lo que significa ser mujer.

En su errónea conceptuación, fútbol no combina con lo femenino. Pues error garrafal: hay ciertas mujeres que a pesar de ser muy femeninas también les gusta el fútbol sin perder con ello su condición de mujeres delicadas y valga la redundancia “femeninas”. En mi caso me considero una apasionada del fútbol. Tal vez no seré la que más sabe de normas y técnicas futbolísticas, pero la experiencia y el diario vivir de los años, compartiendo con familiares y personas amantes del fútbol, algo me ha enseñado. Puedo durar horas viendo partidos de fútbol continuos, emocionándome con cada jugada, con cada gol, con cada pase…Soy de las que grito, pataleo, puteo y reputeo a los árbitros, a los futbolistas, al técnico, y en muchas ocasiones me llego a creer la manda más que ordena el juego y planea la estrategia perfecta para ganar. Y ante todo, sigo siendo MUJER, eso no me quita nada de lo femenino.

Como Comunicadora Social, siempre me inspiró el periodismo deportivo. De hecho, recuerdo con una sonrisa que mis profesores de Redacción muchas veces me pidieron amablemente que cambiara la temática de mis escritos y noticias: todos eran de deporte, es que sinceramente, no me veía escribiendo judiciales, es más, ni siquiera las notas sociales y de farándula, lo mío era la parte deportiva, todo lo que incluyera adrenalina, una opinión de los fanáticos, además, porque es uno de los pocos segmentos en los que podía imprimirle cierta emoción, dinamismo y conceptos personales en la redacción al contar crónicas de las jornadas entre otros actos.

Por eso, me enojo, cuando aquellos “hombrecitos machistas” con ínfulas de conocer el fútbol al derecho y al revés, tratan de censurar mis humildes pero sentidas opiniones de lo que ha pasado en un juego, cuando muchas veces tengo hasta más criterios que ellos para opinar, argumentos de verdad, y no simples falacias y balbuceos de hinchas furibundos y enardecidos. Yo AMO EL FÚTBOL, y me gusta verlo, pelearlo y discutirlo. Tal vez seré una de las pocas mujeres que lo hace, pero soy feliz así y no tiene nada de malo. Y para aquellas mujeres que también me miran con ojos extraños, pues qué pena pero así como hablo de fútbol les puedo dar cuando quieran clases de estilo, maquillaje, últimas tendencias de la moda, consejos de belleza o simplemente ponerme a echar lora sobre los últimos levantes y las fantasías acumuladas.

Yo AMO EL FÚTBOL, y por ese hecho NUNCA dejaré de ser MUJER y mucho menos de perder mi feminidad que a todos les consta cuánto la mantengo en su nivel.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Odisea femenina en un baño público...


Esto me llegó por correo electrónico y quisiera compartirlo con ustedes, ya que me sentí muy identificada con la situación que aquí se expone. Espero que por fin los hombres logren entender por qué las mujeres siempre vamos acompañadas al baño...

"El gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquita tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza. Finalmente te instruía: 'Nunca, nunca te sientes en un baño público' Y luego te mostraba 'la posición' que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

'La Posición' es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos ha de acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, 'la posición' es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar. Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos en la posición oficial de 'me estoy 'meando''.

Finalmente te toca a ti, si no llega la típica mamá con 'la nenita que no se puede aguantar más'. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que va saliendo.

Entras y te das cuenta de que el picaporte no funciona (nunca funciona); no importa... Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo está lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de cositas que fuiste metiendo dentro, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso... Pero volviendo a la puerta... Como no tenía picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas la pantaleta y te pones en 'la posición'... Alivio...... AAhhhhhh.... por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... Porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 Kg. Colgando de tu cuello. Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza 'jamás te sientes en un inodoro público!!', así que te quedas en 'la posición' con el tembleque de piernas... Y por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finísima del chorro te salpica en tu propio trasero y te moja hasta las medias!!!

Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar 'la posición' requiere una gran concentración. Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peeero, nooo hayyyyyy...! El rollo está vacío...! (siempre) Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable Kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio... Y en cuanto la sueltas, alguien la empuja y tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas OCUPAAADOOOO!!! Ahí das por hecho que todas las que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho). Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas... El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así porque su culo nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, 'tú no sabes qué enfermedades podrías agarrarte ahí'. ...estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras la cadena con un pie ¡sobretodo! muy importante. Entonces vas al lavamanos.

Todo está lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona la canilla con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notredame para que no se resbale el bolso y quede abajo del chorro... El secador ni lo usas, es un trasto inútil así que terminas secándote las manos en tus pantalones, porque no piensas gastar tu Kleenex para eso y sales...

En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer un libro de Borges mientras te esperaba. '¿Por qué tardaste tanto?'' te pregunta el idiota. 'Había mucha cola' te limitas a decir. Y esta es la razón por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el Kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que uno sólo tiene que concentrarse en mantener 'la posición' y la dignidad.

¡Gracias a todas por haberme acompañado alguna vez al Baño y servirme de Perchero o tenedora de Puerta!!!!..... Y para los hombres que siempre preguntan ¿Mijita porque te tardaste tanto en el baño...?, espero que haya quedado claro."

jueves, 24 de septiembre de 2009

Una noche en el hospital...


Siempre he odiado los hospitales. De hecho, nunca me ha gustado ese olor tan extraño que tienen, como a enfermos, como a muerte. No me gustan porque además, no me causa ningún placer ver a gente sufrir por sus dolores, enfermedades, sangrando heridas, delirando, en el último suspiro. Simplemente, son cuadros de la vida, que preferiría omitir de mi vista. Y precisamente por eso fue que no quise estudiar Medicina, la carrera con que soñaba desde niña (ah! Claro, creo que todos algunas vez quisimos ser doctores cuando pequeños), porque no soporto ver a gente sufriendo, entro en un estado de shock que no me permite hacer mucho frente a esos casos.

Cuando me enfermo, siempre trato de resolver mis enfermedades primero desde la casa, con medicinas tradicionales (sí sí, ya sé, no me regañen por automedicarme) y hasta siguiendo los consejos de mi abuela que siempre tiene un remedio natural para cada dolor y enfermedad. Cuando la cosa se complica, pues ahí si toca correr a ese sitio que tanto odio: el hospital.

Ayer, a la medianoche, le tocó a mi mamá correr conmigo al hospital, por un terrible dolor en la parte baja del vientre que me provocaba unas inmensas ganas de permanecer en cuclillas todo el tiempo, un dolor tan terrible que no me dejaba pensar, que me desató una cascada de lágrimas que salían solas sin necesidad de esforzarme porque se derramaran. El trayecto de mi casa al hospital, se me hizo eterno. Tenía ganas de decirle al taxista que colocara el “turbo” y así llegar más rápido al hospital. Pero bueno, no se pudo, y hasta tocó aguantarse las continuas paradas en los semáforos que a esa hora por lo general, nadie presta atención, pero que a raíz de las cámaras que instaló el Distrito para “cazar” infractores, los conductores prefieren respetar por miedo a que luego les llegue un correo a sus casas con la foto del momento de la infracción y avisándole que tiene que pagar la sumas de $250.000 pesos en mínimo 48 horas, y si no, la multa va subiendo.

Por fin, llegué al hospital y mientras yo me retorcía del dolor, mi madre se encargaba de realizar todo ese “protocolo” en la recepción, de nombre, dirección, EPS, etc. Por momentos, me daban ganas de mentarle la madre a la recepcionista, ¿acaso esa estúpida no estaba viendo lo mucho que me dolía? Lo único que quería es que el médico me viera pronto y me inyectara algo que calmara ese dolor tan terrible que tenía.

Después, otro “protocolo” más, a pesarme y hacerme las típicas preguntas, ¿cuándo fue la última menstruación? ¿no tiene retrasos? Pues ¡NO! Estúpida, no estoy embarazada y ya deja de preguntarme que no aguanto el dolor, me tocaba decir telepáticamente a la enfermera que parsimoniosamente jugaba con mi angustia y desesperación. Por fin, me remitieron a observación y llegó un médico buena gente que me examinó y pues por los síntomas dedujo que tenía “Cistitis aguda” producida muy seguro por una infección urinaria, y ordenó a una enfermera colocarme una inyección en la vena para calmar mi dolor.

A esa hora, muchas personas estaban en URGENCIA (que de “urgencia” solo tiene el nombre) y me tocaba escuchar a mis “vecinos” quejándose de sus dolores, un loco que se estaba quitando la dextrosa y todos los aparatos que tenía, las enfermeras peleando con pacientes intransigentes, escuchando los dictámenes de otra gente que estaba más grave que yo, soportar ese frío tan tenaz, típico de los hospitales, ese olor, ¡ay! Ese olor a hospital tan horrible. Yo acostada en mi camilla trataba de no pensar. De escaparme un momento de ese lugar que tanto odio. Mi mamá rendida del sueño se acurrucaba junto a mí y me preguntaba si ya se me estaba pasando. Cerré los ojos con la ilusión que el dolor desapareciera pronto, pero el tiempo transcurría más lento de lo normal, y así lentamente sentía yo que me estaba haciendo efecto la inyección.

Por fin sentía que el dolor desaparecía. Me quedaba una leve molestia pero ya lo peor había pasado. El médico me recetó un tratamiento que debo seguir para mejorar. Sólo debía esperar un ratico más a que se me pasara del todo, pero en realidad yo quería salir corriendo para mi casa. Con esta experiencia corroboré una vez más, el odio que tengo hacia los hospitales y nuevamente cuestiono la calidad del servicio al cliente de los mismos. Cartagena está muy grave en el área de recursos hospitalarios y sector salud. Pero solamente, nos volvemos más conscientes de este problema, cuando nos toca acudir a que nos atiendan de malagana en un hospital. Cuando nos toca aguantarnos el dolor y rogar a Dios porque no nos dejen morir.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Sexo sin rutina...


Hace poco me llegó un correo electrónico muy curioso. En él explican la diferencia entre ser la “esposa” y ser la “otra”, y se “argumenta” el porqué los hombres necesitan tener siempre a dos mujeres. En resumidas cuentas, la “esposa” viene a ser aquella mujer a quién el hombre ama profundamente, la mamá de sus hijos, pero que por la convivencia diaria se convierte en sinónimo de problemas: que hay que pagar esto, que hay que comprar aquello, que estoy muy estresada por el trabajo, que tú tienes que hacer esto, etc. La “otra” por el contrario, es aquella mujer que por fuera del hogar, le ofrece al hombre placer infinito, siempre dispuesta a complacerlo, no le lleva problemas a la cama, está pendiente de entregarse al máximo, de estar lo mejor posible para agradarle al hombre, en fin, la “otra” es sinónimo de “buen sexo sin preocupaciones”, una forma de escape del mundo y sus problemas. Pero ¿y por qué no cambiar a la “esposa” por la “otra”? Pues sencillo, en el caso de que la “otra” se vaya a vivir con el hombre, inmediatamente ocuparía el lugar de la “Esposa” y poco tiempo después, éste tendría la imperiosa necesidad de encontrar otra “Otra”.

Parece un trabalenguas y hasta divertido suena, pero es la realidad en la que viven muchos hogares de familiares, amigos y conocidos. Siguiendo muy de cerca estos casos y hablando con las mujeres implicadas en el asunto, noté un factor común en la mayoría de ellas: el sexo se les había vuelto una rutina más, una actividad con la que tenían que cumplir por el hecho de ser las esposas pero que realmente no estaban disfrutando. Cuando se llega a esta situación, se deben encender las alarmas y buscar los métodos para no permitir que esto continúe sucediendo. Pero hay mujeres que por su condición de “señoras conservadoras”, no les gusta hablar del tema, y hasta se sonrojan cuando escuchan la palabra “sexo” y si a mí como mujer, me choca y aburre tener que lidiar con estas puritanas, pues ya me imagino a esos pobres maridos cómo deben estar, y aunque no justifico la “infidelidad” del hombre, si logro entender porqué muchos tienen que salir de casa a buscar lo que no se les está dando al interior de ésta.

Por eso, mi recomendación a las mujeres es que sean más abiertas con sus maridos, novios. Hay que conocer a la pareja, saber qué es lo que más les gusta hacer, lo que les causa mayor placer. Innovar es la clave. El sexo precisamente se vuelve una rutina más porque todos los días se hacen las mismas poses, se dan los mismos besos y las mismas caricias. Actualmente, existen tantos elementos que ayudan precisamente a romper esa rutina, y permite a las parejas disfrutar plenamente de su sexualidad, y si no saben, pues vayan y visiten una Sex Shop, y escojan lo que más les gusta (allí mismo hasta asesorías le dan gratis), vean videos juntos (estos ayudan a las mujeres que carecen de creatividad para generar movimientos y poses nuevas), consulten trucos en Internet, comidas afrodisiacas, mejor dicho, a los maridos-novios hay que conquistarlos diariamente y tratar en lo posible, de no llevar los problemas a la cama. Sencillamente, hay que aprender a ser “esposa” y “otra” al mismo tiempo.

*Libro recomendado: Mejor sexo. Acaba con la rutina y mejora tu vida sexual para volver al éxtasis y recuperar la pasión. Autora: Elisabeth Wilson.

martes, 22 de septiembre de 2009

Esto de crear un blog...

Hace mucho tiempo, vengo escuchando acerca de los "blogs" de los "bloggers" y todo esas terminologías asociadas con el medio tecnológico, sin embargo, sólo me había dedicado a inscribirme en redes sociales como Hi5, Facebook y Twitter. Y me parecía que hasta ahí estaba bien, que no necesitaba de nada más.

Sin embargo, por mi profesión (Comunicadora Social) y por una vocación y/o don que he tenido desde muy pequeña, a mi me encanta escribir. Y me he dedicado a lo largo de mi vida a escribir cuentos, poemas, noticias, reportajes, documentales, etc., pero siempre quise tener un espacio para escribir sobre mis cosas, sobre lo que me sucede, una especie de diario (pero no tan melodramático como el de las adolescentes). Un espacio, lugar, como se le quiera llamar, donde escribiera con libertad, donde nadie me cohibiera y limitara mis palabras. Y es que dicen mis amigos, que yo hablo mucho, incluso escribiendo, y no están equivocados: soy muy locuaz y al escribir no puedo dejar de serlo. Por eso suelo extenderme más de la cuenta, y aún recuerdo con cierto humor, cuando mis profesores de la universidad me decían: un ensayo de 1 cuartilla o de 1000 palabras, Erika Brú, no te vayas a pasar, ni más ni menos.

Bueno, desde que entré a Twitter, me he encontrado con una red de bloggeros que han despertado en mí, la emoción y las ganas de escribir por fin, en un espacio que puedo llamar mio, y compartirlo con otras personas. He leido varios blogs y me ha gustado mucho la espontaneidad del asunto, nada de formalismos exagerados, cada quien escribe lo que piensa y siente sobre determinado asunto, y si a ti te gustó bien y si no, pues también. Es una forma perfecta de hablar sin que te manden a callar, porque a diferencia de las palabras "expresadas verbalmente" que se las lleva el viento y no quedan resgistradas, las palabras escritas, aquí quedan a menos que tu las quieras borrar, más no porque alguien te lo exija o imponga. Eso me gusta.

Así que por eso, ando ahora incursionando en este mundo de los "blogs", esperando poder por fin, escribir mis cosas y compartirlas con otras personas a las que también les gusta escribir. No seré la más experta en este tema, pero espero que poco a poco ustedes me ayuden a aprender más de esto y a tomarle el amor necesario para escribir cada día. Por lo pronto, les dedico este primer post a todos los que lo están leyendo y que gracias por venir a jugar a las escondidas conmigo! ;)