¡Sí, a las Fiestas de Independencia!


“Hubo una pugna por la Presidencia de la Junta Suprema de Gobierno, creada para dirigir los destinos de Cartagena de Indias mientras la situación en España se restablecía. Dicho cargo lo ganaría en elecciones García de Toledo. Los hermanos Piñeres, en su frustración, idearon una campaña encaminada a ganarse el apoyo del pueblo: la independencia absoluta de España. El orgullo partidista y patriótico de los Piñeres estaba en juego. Los hermanos decidieron reunir al pueblo estimulándolo a presionar para realizar la declaratoria de independencia absoluta. El 11 de noviembre de 1811 la Junta Suprema de Gobierno se reuniría en el Palacio de Gobierno para tratar ciertos temas, entre ellos el de la declaratoria de independencia absoluta, propuesto por Germán Gutiérrez de Piñeres, quien hacía parte de la Junta.

Los cartageneros convocados por los Piñeres que estaban reunidos en el barrio de Getsemaní, esperaban con impaciencia el transcurso de la crucial reunión. Llegó entonces la noticia de que se aplazaría una vez más la susodicha declaratoria y la multitud enardecida y arengada por los piñeristas, entró en la Plaza de la Aduana de donde sacó de la Sala de Armas el aprovisionamiento suficiente para presionar por la fuerza, si era necesario, a la Junta de Gobierno. Entró la turba al propio Palacio de Gobierno, y en medio de recriminaciones a los aplazadores, lograron que los allí reunidos firmaran el Acta de Independencia Absoluta de España, toledistas, piñeristas (que regresaban al poder por la fuerza) y demás. Más tarde la Junta ordenó la lectura del "Bando" para hacer pública el Acta, jurando separarse definitivamente de la Corona Española.” (Tomado de Wikipedia.com)


Esa es la historia que desde pequeños nos enseñan en los colegios a todos los cartageneros, para que entendamos porqué todos los 11 de noviembre, nuestra ciudad se engalana de fiesta y celebraciones por doquier.

Muchos dirán que esta celebración de “independencia” es un absurdo, pues aunque nuestra ciudad dejó de ser dominada por el yugo español en cuestiones de gobernabilidad, actualmente, los españoles son propietarios (y accionistas mayoritarios) de grandes empresas y organizaciones cartageneras, lo que lleva a pensar que seguimos dependiendo del capital español para poder adelantar los proyectos de ciudad.

Otros relacionan la dependencia de Cartagena, con temas correspondientes a problemáticas económicas, sociales, culturales. Para ningún cartagenero, y considero que ante la iniciativa de los medios de comunicación de mostrar esa “otra Cartagena” (que si bien, logran dimensionar aspectos muy precarios, no abarcan la totalidad de los mismos), y para la mayoría de los colombianos, no es un secreto que esta hermosa ciudad del Caribe, tras sus murallas esconde profundas crisis de corrupción en los gobiernos distritales, altos niveles de pobreza extrema, aumento desconsiderado en los niveles de inseguridad, problemas de tipo social como la drogadicción, prostitución turística con menores de edad, problemas ambientales como el Mercado de Bazurto y varios cuerpos de agua, la contaminación visual, auditiva, carencia de infraestructura vial que garantice la movilidad, problemas con el alcantarillado y desagüe que en época invernal muestran claramente las consecuencias de esta falta de gestión, provocando que muchos barrios sufran crueles inundaciones, dejando a sus habitantes damnificados, muchos pierden todos sus enseres y les brindan una ayuda que no es más que un pañito de agua tibia que “soluciona” el problema momentáneamente, pero como ya sabemos la triste historia se seguirá repitiendo anualmente, para la época de lluvias en la ciudad, mientras no se tomen las medidas correspondientes y acertadas para solucionar esta problemática de raíz.

Si, Cartagena más allá de su reconocida belleza arquitectónica y colonial, de su riqueza histórica, y de lo que significa en la historia de Colombia, posee una cantidad de problemas que se han vuelto “vox populi” y que en realidad, quedan muy difíciles de esconder. Y problemas hay en todas las ciudades del país, similares e incluso más graves que los de Cartagena, pero por ser una ciudad turística, considerada una de las ciudades-imagen de Colombia en el exterior, por ser la segunda sede de Gobierno, no se tolera que se tengan esa serie de problemáticas que ponen en riesgo la estabilidad económica, social, cultural de la ciudad y del país, considerando que Cartagena es una de las ciudades que más ingresos le genera a Colombia por las entradas turísticas y portuarias, dinero que no se re-invierte en la misma ciudad, sino que entra a hacer parte de los recursos del Estado.

Si, a pesar que muchos “anti-festivos”, utilicen estos argumentos y pregonen estos problemas (que sobredimensionen con exageración), en su afán por opacar la conmemoración de las Fiestas de Independencia, las celebraciones anuales son inevitables y son ese acontecimiento que cada año esperan los cartageneros para gozar y disfrutar una fecha especial para la ciudad.

Para esta misma época, se lleva a cabo el Concurso Nacional de la Belleza, un evento de carácter privado en el que se elige la representante de la belleza colombiana ante el mundo. El tema del Concurso levanta toda clase de reacciones: los que les encanta y los detractores. Sin embargo, a pesar de las calificaciones de evento “elitista, banal, superficial” que le dan algunos, este Reinado es un “valor agregado” que para bien o mal, se utiliza como estrategia para atraer gran afluencia de turistas a la ciudad y por ende, generar mayores ingresos a la misma, y toda la cantidad de empleos, sub-empleos, que se generan alrededor de éste. Además, por su compromiso social, el Concurso Nacional de la Belleza, dona gran parte de los recaudos que obtienen en los eventos para causas sociales en la ciudad y en otras partes del país. ¿Donan lo justo o migajas? Habrá que preguntarle a Raymundo Angulo que opina al respecto y/o que demuestre con cifras autenticadas el valor de las inversiones que realizan en dichas labores sociales, pero lo cierto es que muchas personas dan testimonio de las ayudas que reciben a través de esta entidad y no expresan otra cosa que no sea agradecimiento.

De esa manera, anualmente los cartageneros esperan la época novembrina para disfrutar de ambos eventos: las fiestas de la Independencia y algunos eventos públicos del Concurso Nacional de la Belleza. Año tras año, la ciudad se llena de turistas que vienen a disfrutar de las tradiciones y costumbres que se han multiplicado y mantenido de generación en generación, pero de las cuales al mismo tiempo se ha perdido gran parte de la esencia.

Y es que las Fiestas ya no son lo de antes. Si bien, cada quien hace su ambiente y disfruta las fiestas a su modo, el contexto general de estos días se torna pesado, porque muchos en nombre de esas costumbres y tradiciones aprovechan para hacer de las suyas, irrespetando y agrediendo a sus coterráneos. Por eso, muchos cartageneros deciden “emigrar” por esos días de la ciudad, para no estar inmiscuidos en ese caos que se han vuelto nuestras fiestas.

Y es un pesar, que se haya llegado a estos extremos. Aunque el gobierno Distrital, realice campañas que buscan concientizar a las personas de vivir unas Fiestas tranquilas, sanamente, sin necesidad de llegar a agresiones de ningún tipo, parece que los cartageneros relacionaran “fiestas” con “vandalismo”.

El buscapiés, la maizena, el agua y ahora la espuma, son esos elementos que caracterizan las Fiestas de Independencia, pero su uso inapropiado ha ocasionado que en lugar de disfrutar con ellos la gente termine agrediéndose y los eventos, terminen siempre en peleas y bochinches.

Los disfraces típicos como los negritos untados de aceite que antes asustaban a quienes transitaban por la ciudad, ahora se han convertido en una especie de “atraco indirecto”: o me das dinero o te mancho la ropa, situación que ha obligado a la gente a optar por cargar siempre para esta fecha muchas monedas de $50 con tal de no ser “manchados” por estos personajes.

Y las Fiestas son tan lindas, son hermosas, porque despliegan todo ese SER cartagenero, todas esas costumbres y tradiciones que heredamos de todas esas culturas que para épocas de la Colonia habitaron nuestra ciudad, sus bailes, sus vestidos, sus expresiones culturales, una mezcla cultural exquisita, que nos hace sentir muy orgullosos de nuestras raíces, de nuestros descendientes.

Son una forma de conectarnos con la esencia de la ciudad, de entender el significado de lo nuestro, de amar lo que nos pertenece, de vivir y disfrutar una fecha memorable para nosotros, de hacer parte de una gran fiesta que la historia nos regaló.

Como cartagenera, amo las Fiestas de mi ciudad, porque me encanta disfrutar de toda esa riqueza cultural, de esas tradiciones, porque para estos días me siento más orgullosa que nunca de ser cartagenera, de haber nacido en este Corralito de Piedra, en esta ciudad que enamora, que maravilla a propios y visitantes, por la que siento infinita pasión, la que no me canso de recorrer, de admirar, de deleitar. Es mi ciudad y la quiero como una hija quiere a su madre, la defiendo a capa y espada de quienes sin conocerla realmente se atreven a juzgarla, y me duelen sus problemas, me duele ver como se deterioran las cosas con las que yo crecí, cómo por la falta de gestión de unos gobernantes, la ciudad sufre, sufre su gente, la que sin embargo, muy a pesar de todo, se sigue enamorando cada día más, de su perla del Caribe.

Cartagena tiene problemas es cierto, pero son asuntos que el gobierno Distrital y nacional, tienen que resolver durante todo el año, y no esperar que se intensifiquen para “intentar” buscar unas soluciones que resultan ser momentáneas y no radicales ni absolutas.

Quienes se llenan la boca diciendo “que suspendan las Fiestas de Cartagena”, no tienen ni idea, de lo que éstas significan en el sentir, vivir, del cartagenero nativo. Quitarles las Fiestas de Independencia a los cartageneros, es eliminar la historia, es robarles sus tradiciones y costumbres, es dejar a un pueblo sin la ilusión anual que por unos días los problemas se pueden olvidar y vivir la vida como el carnaval que es, aunque después haya que volver a la realidad.

Mi fiesta

¿A qué no adivinas que celebro yo?
Doscientos años vividos
independiente destino
con fervor de pueblo libre.


Celebro el bicentenario

con mil velas en las manos

entre flores y cabildos

y el bando ya fue leído.


¿A qué no adivinas que celebro yo?

Las fiestas de independencia
Estas son las fiestas de mi ciudad por una sola Cartagena.

Fiesta eres tu fiesta soy yo


De Pedro Romero y Padilla

al lancero que hoy te invita

al color de los disfraces.


Resuenan canciones del alma

hay polleras y comparsas

en los barrios y terrazas
el pueblo siempre es quien manda.


Fiesta eres tu fiesta soy yo

Pregones....

Somos una sola raza
Somos una sola voz que canta
Aquí en mi tierra la gozo
Los tambores me gritas pásala sabroso
Las reinas tienes sus barras
Esa es, esa es, la reina que gana, todos las aclaman

De esta tierra linda soy yo, soy yo, soy yo.....
Fiestas de independencia... Cartagena




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