Retro - Inspección


Hoy fue uno de esos días extraños pero tan bonitos al mismo tiempo. Últimamente, la vida no ha sido muy amable con esta servidora, muchos golpes tras otros, desilusiones, lágrimas, rabias, pequeños rencores, días de entero amargue, la soledad mi fiel compañera y sinceramente, con muy poquitas ganas de seguir adelante. Y cuando uno está sumido en ese negativismo absurdo provocado por las circunstancias, pues claro, todo le sale mal, y en estos días que tanto he oído del Sr. Murphy, pues ese man parece que yo le gustara demasiado, que día a día no deja de sorprenderme con esos detalles tan especiales, sí, esos mismos que te dañan el momento, y en mi caso, el día completo.

Pero bueno, les contaba que hoy fue un día diferente. Tal vez porque he empezado a asumir una mejor actitud frente a la vida, porque he empezado a creer mucho más en mí y en todas las cosas que puedo lograr, porque estoy tratando de rodearme de gente que me haga sentir que todo esto vale la pena.

Hoy me di cuenta, o mejor, recordé el valor que tienen los pequeños detalles. Tan simple como una llamada de alguien que no esperabas y que si esperabas, recordándote lo importante que eres para esa persona así no te lo diga todos los días, no te pueda dar un beso, un abrazo, una caricia…
Y lo mejor, que llega justo en un momento de esos en que estás a punto de entrar en crisis porque algo no salió bien y como caída del cielo, ahí está, poniendo en tu cara una de esas sonrisas delatadoras que no eres capaz de ocultar durante el resto del día.

Luego, me seguí regocijando de esos pequeños placeres. Así que compré un cheesecake de frutas en Juan Valdez, caminé a Café del Mar (Baluarte de Santo Domingo – Cartagena) y me encontré con mi otro amor: el mar de mi ciudad. Mientras la brisa jugaba con mi cabello, el sol me acariciaba y se encontraba con “esos ojos cafés que iluminados por el sol parecen un tarro de miel” (alguien me lo dijo), sonaba el chillout delicioso en el sitio, me dediqué a ver el mar, mi mar, y a saborear cada pedacito del postre que con tantas ansías había comprado. Y sentía que con cada pedazo de dulce, así mismo, mi vida iba recobrando esa alegría y ese azúcar que había perdido, que tenía mucho tiempo no sentir.

Mientras me deleitaba en un ambiente envidiable, y miraba a los turistas enamorarse de la ciudad, tomándose fotos a diestra y siniestra, y claro, me tocó ser fotógrafa en más de una ocasión, pero es algo que disfruto sobremanera, porque precisamente me encanta congelar la sonrisa de las personas y que ojalá nunca se les borrara, iba pensando tantas cosas. Recordé incluso momentos muy felices con personas del pasado a quiénes les fascinaba este sitio en especial, así que buenos recuerdos siempre vendrán de vuelta. Analicé las cosas que últimamente me han sucedido, miré lo mucho que he cambiado y me extrañé; extrañé profundamente a esa Erika extrovertida, amiguera, farándulera, súper social, que era; extrañé a esa chica que siempre tenía una sonrisa en el rostro a pesar de los problemas, a la mujer que no se daba por vencida, ni aún vencida, que se preocupaba por mantenerse bonita, bien arreglada, siempre a la última moda, la que llegaba a cualquier lugar y causaba sensación por su personalidad “arrolladora”, a la conversadora, a la chica chévere de la que todos querían ser amigos.

Y me extrañé tanto, porque aunque poseo todavía algo de eso que fui, lo cierto es que la vida y todos los golpes recibidos me han hecho otra persona. He mejorado muchos aspectos, pero también siento que he perdido cualidades que tenía y que me hacían resaltar del resto.

Y seguí pensando, en mis amistades, en las que han llegado, en las que se han ido, las que me gustaría mantener y las que definitivamente, necesito apartar.

También pensé en mi salud, que se ha visto deteriorada en los últimos años, y precisamente, pienso que eso también me ha hecho perder ese brillo que tenía, cual estrellita que está a punto de apagarse.

Pero saben, también me siento muy orgullosa de lo que soy y he logrado, a pesar de las adversidades. De lo mucho que he madurado y he aprendido en estos años. Que hay mucha gente que quisiera tener las oportunidades que yo he tenido, disfrutar de mis momentos, de mis triunfos, alegrías, logros laborales y personales. Que gracias a Dios, he podido demostrarme y demostrarle a muchas personas de todo lo capaz que soy, y aunque muchas veces, me sienta como carro que le falta gasolina, sigo luchando, quizás lento, pero seguro.

Y para mirar el corazón también hubo tiempo. Pero digamos que no me quise detener mucho en él, por lo general, mis sentimientos son tan egoístas que se toman la mayor parte, a cualquier hora del día. Solo sé que se extrañan muchas cosas y muchas personas. Pero ya, suficiente. Cambiemos la página.

Terminada la “terapia”, pude apreciar el hermoso atardecer, ver como el sol se unía con el mar. Es uno de esos momentos que me embrujan, que me transportan, no sé adónde, pero en esos momentos no estoy ahí, es algo inexplicable. Y siempre me repito “me gustaría tanto poder compartirlo con…algún día, algún día…”. Porque si, para mí un atardecer es un momento digno de compartir y más con una persona especial.

De vuelta a la realidad, al caos de la ciudad, del Centro y sus calles, yo me sentía feliz. Feliz por todas las cosas que me sucedieron hoy, por todas las bendiciones que siento Dios ha derramado en mi vida y que muchas veces no valoro lo suficiente.

Hecha la retro-inspección puedo decir: De ahora en adelante vendrán muchas cosas buenas para mí. Yo sé que sí.

votar

Comentarios

  1. Bueno, ya sabes, ese impulso que tomaste hoy te debe servir para ese salto largo que le darás a tu vida. Enhorabuena

    ResponderEliminar
  2. Erika me alegra mucho que este momento haya llegado a tu vida, que hayas tomado unas horas para disfrutarte a ti misma y a tu entorno. Aunque es muy bonito compartir las cosas bellas con alguien que se lo merezca, es precioso simplemente disfrutarlo, así sea solita...darle gracias a Dios por la belleza de las cosas y de las personas que nos rodean.

    Eres una gran mujer, con un corazón noble y muchas aptitudes; estoy segura de que todas las cosas que quieres para tu vida se van a dar en su momento...mientras tanto a disfrutar!

    ResponderEliminar
  3. Hay que sacar a flote las cosas malas y las cosas buenas. Ambas encantan.

    Un abrazo, y un gusto leerte.

    :)

    ResponderEliminar
  4. No hay como utilizar las palabras de una buena canción!

    Pronto llegará, el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte seguro que mi suerte cambiará...

    ResponderEliminar
  5. me encanta esta nueva actitud!! Por ese camino es que es, mi linda

    ResponderEliminar
  6. Pase por aqui, lindo tu blog, me gusta como utilizas las canciones para hacer catarsis.. un saludo para ti. Estare echando un vistaso, chevere conocer tu blog.

    ResponderEliminar
  7. Hola Erika!

    el motivo de mi visita es por que por casualidad en un escrito puse retro-inspeccion, y pues al pedir el concepto me aparecio tu pagina, la cual me llamo mucho la atencion, y decidi leer todo lo escrito por ti! ahora es mas claro el concepto de retro-inspeccion, jeje
    la verdad al leer cada una de tus palabras me familiarise con tu historia! pues es muy semejante, pero lo que mas me agarda es que en ambos casos tomamos el mismo contexto para realizar la retro-inspeccion! bueno sin mas nada por el momento, me despido, dejandote un coordial saludo!
    Att. Gris

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Cualquier comentario es cariño...

Entradas populares de este blog

¡NO a la lluvia de sobres!

¿Competir por ‘amor’? No, gracias…paso.

O somos...o mejor no somos nada