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El día después de mi muerte

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El siguiente post, es un cuento con el que participamos mi hermano y yo en un concurso de cuentos de la ciudad, ocupando el Primer Lugar, entre muchos escritores. Es un cuento basado en una historia similar de la vida real, de una personita que fue muy cercana a nuestra familia: en memoria de Andrés Mauricio Trucco Orta, por siempre en nuestros corazones. Todavía no lo creo. - ¿Por qué Diosito? ¿Por qué? – Me pregunto una y otra vez mientras se me desgarra el alma al ver a mi madre tendida contra un cajón funeral, rodeado de miles de coronas, muchas personas en aquella salita dando la impresión de que no hay espacio para tanta gente, todas llorando y lamentando la muerte de ese alguien que está acostado allí en ese ataúd, que parece felizmente dormido pero que saben jamás despertará de ese sueño profundo. Y yo, todavía no lo puedo creer. ¿Es esto una pesadilla? Si es así, quisiera despertarme de una buena vez, pero, ¿cómo hago? Nadie puede ayudarme. Me da miedo acercarme al cajón porq...

Pesadillas reales...

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Laura se ha despertado a eso de las 2:11 a.m. Un mal sueño es el causante de su insomnio. Da vueltas en la cama y siente un cruel ardor en el estómago. - - Bendita gastritis, se dice. Decide levantarse y caminar por su habitación en medio de la noche. Da golpes a la pared, mientras el llanto inevitable se desborda en aquella mujer. Se arrincona en una de las esquinas, apretando uno de sus cojines favoritos, aquel mismo que huele a chicle de fresa. Quisiera entender por qué le duelen tanto las cosas. Miles de imágenes pasan por su cabeza, recuerdos que van y vienen sin cesar. En medio del llanto alcanza a sonreír al recordar tantos momentos felices. Pero algo aprieta y quema su corazón al mismo tiempo, algo que le produce un dolor indescriptible y que aumenta el caudal de lágrimas que se desprenden de sus ojos verdes. Llegan las 5:00 a.m. y es como si el tiempo no hubiera pasado. Allí tendida en el piso, sin fuerzas, con las lágrimas escurridas hast...

It's hard...! It's hurt...!

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Porque hay canciones que lo dicen todo...

Lo que no fue...

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Nota: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Sara se levanta, busca en el suelo en medio de la oscuridad su bolso, saca un cigarrillo y lo enciende. No le importa que el sujeto que tiene al lado odie a las mujeres que fumen, a la final ya que caso tiene. Acomoda las almohadas para quedar semi levantada en la cama, y lo observa a él, con sus ojos cerrados, intenta imaginar que se adentra en su mente y puede ver cada uno de sus pensamientos hasta los más mínimos, sin encontrar uno solo que sea de su total agrado. Una lágrima recorre su mejilla, procede a quitarla de inmediato, recuerda aquella canción que dice “big girls don’t cry, don’t cry” y mira hacia la ventana, pero prefiere quedarse acostada sintiendo el calor de ese cuerpo que tiene al lado, y que ya no le pertenece, sonríe con cinismo y se dice a sí misma: - De hecho, nunca me ha pertenecido. Mientras se fuma despacio ese cigarrillo (hace 4 meses que los había dejado porque a Ricardo no le gustan las mujeres ...

Word behind words...♥♥♥

La canción perfecta en el momento perfecto...! No sé si muchos se habrán visto esta peli "Trojan War (La guerra por un troyano)", sí esa misma con la hermosa Jennifer Love Hewitt y Will Friedle, donde el chico lucha toda una noche por conseguir un condón para acostarse con la chica de sus sueños y a la final se termina dando cuenta, que en realidad esa chica no merece tantos esfuerzos y tanto amor, como sí lo merece esa otra chica que siempre había estado a su lado, y que el sólo había visto como su "amiga". Bueno, la canción de esa peli es "The word behind words" de Jeremy Toback y debo confesar que simplemente me encanta. Como cosa rara, yo también he terminado siendo esa "amiga" ignorada, algunas veces con suerte y otras no tanto. La palabra detrás de las palabras, esa que muchas veces nos quedamos esperando y que se pierde en un discurso sin sentido, aquel que preferimos no escuchar. Y duele...mucho.

"Tú vales mucho"...

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El autoestima es una cosa jodida. Siempre he considerado tener “alta autoestima”, me quiero y valoro mucho. Sin embargo, hay momentos y circunstancias de la vida, que te hacen sentir todo lo contrario: el trapito sucio con el que limpiaron, la escoba con la que barrieron y dejaron olvidada, en fin, te llegas a sentir como la cosa más minúscula de la Tierra, el cero a la izquierda, aquello que no vale nada, cuando sin duda es lo contrario, por el hecho de ser seres humanos, ya valemos mucho, al menos para nuestro Creador. Es por eso, que en esas ocasiones cuando nuestra autoestima la tenemos por el suelo (y en el peor de los casos, por el subsuelo), aparecen los amigos y personas que de una u otra manera siempre tratan de subirte el ánimo, de hacerte sentir importante, de reflexionar la situación, de mirar si vale la pena en realidad quedar en ese estado de “pordebajeada” en el que te encuentras. Yo no tengo que hacer muchos esfuerzos pa’ que la gente note que no estoy en mi punto. Y es...

Volver a sentir...cosas del corazón

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Yo no puedo decir que soy la mujer más afortunada del mundo en cuestiones de amor. Muchos se sorprenden cuando digo que “más salada que yo en asuntos del corazón” no creo que exista. Aunque no me considero la última Coca Cola de la tierra, reconozco humildemente que tengo cierta gracia y atractivo, que bien me lo recuerdan los hombres en las calles, cuando sin medir sus comentarios, me “piropean” de todas las formas habidas y por haber, pero que para mí no es sinónimo de éxito rotundo y mucho menos en el amor; bastantes mujeres bonitas, mamacitas, divinas, que conozco, se la pasan solteras o son dejadas/cambiadas por sus parejas. Y bueno, ciertamente, resulta que yo soy la mujer más sentimental del mundo. Esa sensibilidad característica de los Piscis, pareciera que en mí logra su máxima expresión. Soy de las que llora por todo: viendo un noticiero, porque una amiga consiguió trabajo, porque otra tuvo su primer bebé, porque a ella le partieron el corazón, porque un amigo se accidentó, p...

Una noche en el hospital...

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Siempre he odiado los hospitales. De hecho, nunca me ha gustado ese olor tan extraño que tienen, como a enfermos, como a muerte. No me gustan porque además, no me causa ningún placer ver a gente sufrir por sus dolores, enfermedades, sangrando heridas, delirando, en el último suspiro. Simplemente, son cuadros de la vida, que preferiría omitir de mi vista. Y precisamente por eso fue que no quise estudiar Medicina, la carrera con que soñaba desde niña (ah! Claro, creo que todos algunas vez quisimos ser doctores cuando pequeños), porque no soporto ver a gente sufriendo, entro en un estado de shock que no me permite hacer mucho frente a esos casos. Cuando me enfermo, siempre trato de resolver mis enfermedades primero desde la casa, con medicinas tradicionales (sí sí, ya sé, no me regañen por automedicarme) y hasta siguiendo los consejos de mi abuela que siempre tiene un remedio natural para cada dolor y enfermedad. Cuando la cosa se complica, pues ahí si toca correr a ese sitio que tanto od...