Tu inseguridad, es mi fortaleza
Me gustaría pensar que no tengo enemigos. Me gustaría creer que no hay gente a mi alrededor que me desea mal, que sólo buscan la más mínima ocasión para hacerme caer y darme patadas en el suelo, personas que me hablan con una sonrisa de frente y cuando doy la espalda, clavan la puñalada, que me llenan de besos de Judas, que se auto proclaman “mis amigos” pero que en realidad, esconden tras esa máscara un sinnúmero de intenciones oscuras y dañinas. Entiendo que como dice esa frase trillada “no somos monedita de oro, para caerle bien a todos”, que hay personas con las que simplemente no existe, ni química, ni física, ni feeling, o como se llame. Y es doloroso reconocer, que en algún momento estas personas han logrado sus maquiavélicos objetivos de hacerte sentir minúscula, de verte “aparentemente” derrotada, con la boca en el piso, con los sueños rotos y el corazón sangrando, con el rostro empapado de lágrimas, la mirada perdida, y la mente que ya no piensa en continuar sino en detenerse...