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¡Fue chévere mientras duró!

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Hoy leía en Twitter una frase escrita por @n0ta_mental que decía “fue chévere mientras duró” . Y aunque no quería, la frase empezó a merodear mi cabeza y a inquietarme los pensamientos. Y me dije “cuánta razón”. Y es que casi todo es chévere mientras dura, pa’ que no nos enfoquemos solo en las relaciones afectivas. Lo malo es cuando las cosas se acaban, la post situación muchas veces no es agradable, porque hay una sensación de pérdida, la nostalgia típica de los finales o porque se quedaron con ganas de más. Pero bueno, es inevitable no referirme a las relaciones sentimentales, igual somos seres sociales que establecemos diariamente relaciones (de todo tipo) y de eso vivimos, lo queramos o no. Y recordando la frase del principio, me repetía una vez más “cuánta razón”: cuando empezamos y permanecemos vinculados afectivamente con una persona llámese novio(a), amante, esposo(a), vacile, amigo(a) especial, cacho, levante, etc., las cosas suelen ser muy chéveres, se disfruta cada ...

La vida de cuadritos...

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No soy la mujer perfecta. De hecho, aunque me gustaría serlo, tengo que aceptar que soy una muñeca con muchos defectos de fábrica. Y con esto no me refiero al aspecto físico solamente, sino a aquellas imperfecciones que se ven reflejadas en mí actuar con los demás y otras acciones cotidianas. Así como es sano reconocer y aceptar nuestras mayores cualidades y virtudes, también lo es admitir nuestros defectos, esos que muchas veces queremos esconder o quisiéramos no tener, pero que no sé si desafortunadamente, nos acompañan, algunos por unas etapas de la vida (mientras se corrigen) y otros por siempre, porque simplemente hacen parte de nuestra esencia. Y aquí voy. Tal vez para muchas personas, soy detestable. Y puedo ser detestable porque soy una mujer demasiado caprichosa, acostumbrada a que quiénes me rodean actúen como yo quiero que lo hagan, que me complazcan en lo mínimo y no me pongan resistencia a las cosas. Detestable, porque soy muy impaciente. Odio que me hagan esperar y cuand...

¡No quiero ser grande!

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Es un hecho. No quiero ser grande. Si me permitiesen elegir un estado para permanecer eternamente sería el de seguir siendo una niña. Y sí, es que me he dado cuenta que ser grande no es tan chévere como yo creía, como lo esperaba… De pequeña soñaba con crecer y creo que esto nos pasa a todos. Me divertía mucho jugando a la adulta, utilizando los tacones de mi mamá y mal utilizando sus maquillajes. Andaba con carteras (llenas de juguetes y otros chécheres), me hacía peinados extravagantes y hablaba mucho, metía la cuchareta siempre en las conversaciones de los grandes porque yo me creía así. De adolescente, quería ser “grande” para poder ir a discotecas sin tener que presentar una contraseña falsa o quizás esconderme en el baño del lugar cuando llegaba la policía a hacer requisas y llevarse a los menores de edad. Quería ser grande para tener una profesión, para trabajar, tener una casa, encontrar al príncipe azul, formar un hogar y así ser feliz (que se note que de pequeña me leyeron mu...

Des-encuentro

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Clara mira el reloj. Son las 3:30 p.m. y quedaron en encontrarse a las 4:00 p.m. “Todavía tengo media hora para relajarme” pensó. Quería fumarse un cigarrillo para calmar los nervios que le producían aquel encuentro y recordó que apenas unos segundos se había sentado nuevamente en la mesa de aquel Café Gourmet, precisamente después de haber regresado de la terraza de fumadores. Jugaba con el encendedor en sus manos, que estaban frías y temblorosas. Pidió otro café al mesero. Miraba impaciente a todos lados, especialmente a la puerta que se abría y cerraba constantemente. Volvió a mirar el reloj y era las 3:32 p.m. Parecía que el tiempo pasaba demasiado lento esa tarde, cada minuto era una eternidad. Sacó su celular del bolso, y empezó a mirar el mensaje de texto que la tenía ahí sentada en ese lugar esperando “Nos vemos a las 4 en el Café de la Av. Del Mar. Luisfra.” Miraba el mensaje una y otra vez y sonreía pícaramente. Habían pasado exactamente 10 años desde la última vez que lo ha...

Tu inseguridad, es mi fortaleza

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Me gustaría pensar que no tengo enemigos. Me gustaría creer que no hay gente a mi alrededor que me desea mal, que sólo buscan la más mínima ocasión para hacerme caer y darme patadas en el suelo, personas que me hablan con una sonrisa de frente y cuando doy la espalda, clavan la puñalada, que me llenan de besos de Judas, que se auto proclaman “mis amigos” pero que en realidad, esconden tras esa máscara un sinnúmero de intenciones oscuras y dañinas. Entiendo que como dice esa frase trillada “no somos monedita de oro, para caerle bien a todos”, que hay personas con las que simplemente no existe, ni química, ni física, ni feeling, o como se llame. Y es doloroso reconocer, que en algún momento estas personas han logrado sus maquiavélicos objetivos de hacerte sentir minúscula, de verte “aparentemente” derrotada, con la boca en el piso, con los sueños rotos y el corazón sangrando, con el rostro empapado de lágrimas, la mirada perdida, y la mente que ya no piensa en continuar sino en detenerse...